sábado, 18 de junio de 2005

Cómo me dejaste con las ganas, Santiago...

Luego del MEGA viaje hasta Santiago desde Arica (el bus salió a las 3 de la tarde y llegó a las 7 de la noche del día siguiente) donde estuve viendo paisajes impagables, montañas rocosas casi pulidas, una cosa impresionante. Donde quiera que llegábamos, habían ciudades pequeñas o grandes pero todas muy hermosas. Sobre todo una llamada la Serena, donde se observa una arquitectura europea muy atractiva. También se veían otras ciudades costeras, pequeños pueblos pesqueros y playas de atractivo turístico, otras, restaurantes y miradores sobre el acantilado. Obviamente que esta no es la mejor época para darse un chapuzón en el mar...
Al igual que en Perú, las carreteras suelen ser rectilíneas en su mayor parte, cosa que sin mucho problema se puede andar rápido y rebasar tranquilo. Aunque en Chile la velocidad máxima es de 100 por hora. En Chile también son bastante discipplinados, y muy efectivos en sus quehaceres, por ejemplo pasé por tres controles de aduana. Ahí revisan tu pasaporte, te esculcan la maleta y todo eso. El clima es bastante agradable incluso de noche. Es un frío delicioso. Hubo una parte donde vimos que había un derrumbe y ya lo estaban limpiando. Rápido y eficaz. Como para que aprendan muchos de los funcionarios...
Finalmente, tras más de 28 horas de viaje continuo, llegué a Santiago de Chile. Ciudad bella hermosa y llena de detalles para visitar, que, lastimosamente, me quedé con las ganas porque sólo pude pernoctar una noche y salir por las mismas hacia Buenos Aires. En el viaje me fui haciendo pana de un Alemán muy buen dato llamado Ambrosio (yo le puse Legolas porque se parecía al Elfo, rubio y de pelo largo, jajaja) y de un Noruego llamado Truce. En Santiago me separé de Ambrosio porque el iba a Penitentes a trabajar de instructor de Ski sobre nieve.
A la noche, tras dejar las cosas en el hostal, fuimos con una amiga llamada Consuelo a dar una vueltita rápida hasta donde podamos. Ah y no debo dejar de mencionar el Metro de Santiago. Un pedazo de tren volador que "al tiro" te deja donde sea.
En cuanto a comida, tampoco probé mucho, el pastel de choclo, que estaba delicioso, la torrihuela o algo así que es como una super salchicarnepapa con dos huevos por encima y el filet, a termino medio. Impagable. Ah y el aceite de oliva fresco es afrutado y riquísimo. La mantequilla es algo de gran calidad, así como el pan, las manzanas, muchas cosas.
Vuelvo y repito, Santiago es un lugar muy bello para recorrer. Necesitaré mas tiempo. Y platita (heh)...