domingo, 26 de marzo de 2006

Quito. Placeres, expectativas, dolores y más...

No suelo viajar mucho a la capital, pero por razones personales, de planes a futuro y demás, he dedicado (y posiblemente siga dedicando) unos días de cada mes a viajar a la capital, Quito.
Bueno, el caso es que mientras andaba matando tiempo, me dediqué a caminar por el centro histórico. El verdadero encanto de Quito no radica en sus ostentosos Shoppings o sus avenidas repletas de bares vanguardistas. Al ponerse a caminar por ese montón de pequeños recodos, se ve, se nota, se siente, pequeños retazos de lo que ocurrió hace 20, 50 o 100 o más años.
Tantos monasterios antiguos reconstruidos como museos, todos esos pequeños sitios para comer con generaciones atendidas, y el Atrio de la Iglesia de San Francisco mostrando su esplendor ante la gente, aunque no pude hallar el lugar donde estaba el legendario ladrillo faltante, donde si alguien se atrevía a colocarlo, el Diablo vendría a reclamar su alma de inmediato, pues se cumpliría el pacto de Cantuña.
Aparte, como andaba de aventurero de vuelta, fui hincando el diente donde más se me hacía atractivo.
Una raclette que bien pudo merecer un post propio, por la novedad y la gama de sabores y texturas que me ofrecía la mezcla de fontina derretido sobre las carnes a la plancha calentadas a mi gusto, había pasado por mi paladar como un festejo.
De todos modos, no todo fue placer.
Primero, las continuas lluvias heladas, las cuales transformaban ese delicioso frío serrano en una tortura glacial. Sobre todo mis pobres pies, los cuales chapoteaban dentro de mis herméticos botines, anegados de las charcas.
Y segundo, no haber podido rendir el famoso examen que iba a dar, lo cual me obligaría a regresar y gastar más dinero. De todos modos, disfruto cada viaje lo mejor que puedo.
Ah y me quedé con las ganas de conocer a los bloggers del Blog´n Beers.
Princess, será hasta el 29 de Abril.
Un beso.