domingo, 30 de abril de 2006

¡¡¡ R A T A B L A N C A !!!

Habiendo dado el fregado examen del IELTS, salí un poco rendido a buscar hotel (fue el mismo en que me alojé, 10 latas por noche y el servicio decentito).
Cosa que a eso de las 6, luego de escribir la anterior crónica, me puse a buscar, en Villaflora, algún bus que fuera a Chillogallo y que me dejase por el estadio Aucas. Bien larguito el viaje... lo que fue cague de risa, es que al llegar a la parada, me di cuenta que coincidía muy bien con la estación del trole... vaya vaya...
Enseguida se me aproximaron dos o trs tipos a ofrecerme entradas. Pagué una y empecé a caminar hasta el estadio. Rápidamente el ambiente se fue convirtiendo en una conglomerado de cuero negro, calaveras, metal, cabelleras al viento y sonrisas de expectativa.
Estaba solo en aquel momento, no conocía a nadie, pero me sentía como en casa.
Dentro del estadio se oían las poderosas tonadas de uno de los grupos predecesores, que cuando ingresé al estadio, supe que se llamaba Angelot o algo así. Ensayaron algo de rock gótico y melódico, lo cual quedó muy acertado.
Tras ellos, comenzaron a tocar una banda guayaquileña llamada CrossFire, muy buena guitarra, y la energía de sus acordes contrastaban con el romanticismo de sus letras. Y sí tenían pega, pues varias veces el público (unas mil personas, creo) cantaba sus canciones a coro.
Cuando salieron ellos del escenario, comenzó una incómoda pausa, donde sonaban continuamente canciones y más canciones. La gente empezaba a impacientarse y algunos batracios empezaron a arrojar cosas desde las filas de arriba. Yo fui blanco de un cartón de ese coctel tóxico llamado "vino del río sabor durazno", y el charquito de vino en el suelo aromatizó el ambiente más rápido que un Torvi molido y lanzado al aire...para que sepan lo que bebemos.
Mientras se daba la pausa, me hice amigo de una canadiense la cual me decía que hace como 10 años había formado una banda rockera pero su familia, salvo su santa y señora madre, que la apoyaba (premio a la madre símbolo), la estigmatizaron de satánica, adoradora del diablo y mil y un guevadas similares. Ahora es teacher linguista, pero no olvida su identidad rockera. Es que ¿qué demonios tiene que ver que uno sea rockero de corazón si es un excelente médico, abogado, ingeniero, diseñador, o lo que sea? Otro ejemplo más de lo retrógrados y conservadores que somos...
Como la "breve pausa" se hacía una espera que desespera, el sr. Tummy me pidió que le dispare algo de papa. Por ahí escucho a una doña pregonando guata a un yanqui. ¿Pero de qué clase de animal era el sistema digestivo que estaba en esta tarrina? Trozos oscuros y con sabor a molleja eran los pedazos de dizque "guata"... bueno, por lo menos no pagué el precio...
De pronto, la música cesa.
De las pantallas gigantes surge un monje con escrituras antiguas, enunciando la caída de los sistemas y las religiones, y el advenimiento del resurgimiento del culto al sol...
El público eleva su voz (yo también) aclamando al mostruo rockero argentino...¡y finalmente, con un rugir de guitarra y la tempestad de la batería surge!
¡¡RATA BLANCA!!
¡Son los sonidos que rasgan el aire y reconfiguran las vibraciones de la realidad!
Fragosos, incansables, impetuosos, van entregando a la gente ansiosa himno tras himno que muchas veces los de abajo entonan junto a los creadores.
A veces, mientras el vocalista va a descansar su garganta, tras colocar el alma en el micrófono, otros integrantes del grupo nos demuestran un solo de sus habilidades. Y ya está el que va con el órgano eléctrico complaciendo mis oídos con su versión poderosa de la 40 de Mozart o la siniestra Tocatta de Bach.
Luego salta la guitarra principal a despellejarse los dedos (y hasta la lengua) sobre las cuerdas arrancando ráfagas inacabables de acordes que se elevan hasta el cielo y conmueven las nubes.
El baterista, invocando la furia de la tierra, resonando sus diafragmas una y otra vez haciendo vibrar nuestros huesos y carne, tratando de separar espíritu de víscera.
Y nuevamente regresa, el hombre, el vocalista, convirtiendo su voz en espada que cae y atraviesa lo prohibido por imposición.
Yo ahí, enrockecido, sacudiendo brazos y cabeza al velocísimo ritmo del power y dejándome perforar por las descargas del metal clásico. Voy perdiendo mi cuerpo y mi individualidad y me voy volviendo parte de toda la masa negra de cuero y cabellos alborotados que canta junto a este grupo argentino.
Es que es el rock la verdadera musica mundial, porque el rock le canta a la energía, al poder, a la fuerza, a estar vivos, al absurdo del tratar de ser eterno. Vivimos ahora, lo que pasó serán recuerdos y lo que venga aún no existe. No importa si se tiene 10, 20, 30, 40 o 50. El ímpetu que le pones al vivir es lo que vale. La pasión diaria. El amor que entregas a lo que haces y a los que viven contigo. El sentir cómo hierve la sangre, cómo estalla la carne, cómo refulges con fuerza cuando estás en tu elemento...
Estoy vivo, hoy y ahora.
Rata Blanca lo sabe, y lo canta.
¡¡Viva Rata Blanca!!
De un humilde admirador...