sábado, 24 de junio de 2006

ESMERALDAS. PROVINCIA PELADA

La famosa "provincia verde" está quedando en el puro nombre. Más y más este otrora remantente de vida y selva se va convirtiendo en desierto, en una llanura de pura tierra, en míseras praderas en que si crece algo de hierba tosca es por milagro. Uno de los pocos lugares de la costa donde aún se podían encontrar animales como guantas, pericos, cerdos salvajes y demás animales, que ahora si uno ve uno a lo lejos es por milagro.

Por obra y gracia de las "compañías madereras", cuyo verdadero nombre debe ser ASESINOS DE ECOSISTEMAS, la mayor parte de los terrenos selváticos de esta provincia se convierten en zonas de desastre, como si hubieran caído un montón de misiles por la zona deforestada.

Estos hijos de la grandísima puta, se están llenando los bolsillos de dinero, al ir y arrasar las montañas, porque para variar, la explotación de madera lo hacen a la ecuatoriana, a la maldita sea, a la patanada, al qué chucha.

Cualquier país maderero sabe bien que un bosque del palo que sea, durará todo el tiempo necesario si se efectúa una tala racional y con su reforestada de ley. Acá, tractores y motosierras efectúan masacres de jungla todos los putos días, se van llevando el palo grande, y el chico que aún debía crecer y madurar. Qué chucha, no me sirve. Y para dar el sello de calidad, la montaña se la quema.

Aplausos, señores.

Y supuestamente hay gente natural de allá. Dueños de tierras que deberían por lo menos exigir algo a cambio que le conviertan su montaña verde en colina de arcilla y cenizas. Lamentablemente, son gente sumamente ingenua y sencilla, que ven un billete de 10 latas y es como que le abrieron el fuerte Knox. Por eso es el negocio redondo del maderero. El hijo de puta va, le mete el dedo (y todo el brazo) al lugareño ofreciéndole 5 a 10 dólares como mucho por palo caído. Y estoy hablando de troncos de casi un metro de grueso, de los que TOfusamaricón le gusta meterse por el ojete; y madera de la buena, guayacán, amarillo, laurel, cedro y otras maderas consideradas preciosas.

O sea que el hombre termina con unos 300-500 yanquis en los bolsillos. Lo primero que hace con esa plata, es chupársela. El alcoholismo está que zumba por allá. Nadie se puede divertir sobrio. Se gasta un 80-90% de su pingue ganancia, y luego del chuchaqui se da cuenta que una megaplutiza valió el futuro no sólo de sus hijos, sino de las generaciones venideras.

Ya con el lugareño que queda por ahí llorando sobre su recién inaugurado desierto, el maderero va y vende su tesoro...al precio real. 1000, 2000 y 3000 dólares bien puede costar CADA TRONCO. Saquen cuentas.

Cosa que nomás consíganse unn tractor, un poco de labia para engatusar al moreno dueño de la tierra y a las dos o tres semanas andarán con un cerro de billete...
Sí, la gran puta, mucho billete, pero cuando todo ese terreno se vuelva una sola plasta de arcilla y que no vea lluvia en cada 20 años, ahí van a patalear.

Para lo cual no queda mucho.

Y si no me creen, vayan y comprueben por ustedes mismos. Cómo los paisajes de verdor y vida son cambiados por campos grises y estériles. Dan ganas de llorar.
A ver si la próxima consigo unas fotos para subirlas y mandarlas a Greenpeace, porque los mamavergas de los ministros de quinto ambiente, les importa una cagada de
mosca el asunto.

Sería bueno ponerles precio a las cabezas de esos pelapicha, antes que el bosque de Esmeraldas pase a ser historia.
VALLENATO HIJO DE REMIL PUTAS.