martes, 29 de agosto de 2006

SAN FRANCISCO DEL ONZOLE. CASI UN AÑO EN LA SELVA AMENAZADA.

Ahora que he terminado mi medicatura rural, considero que no hacer
un extracto de cómo era mi pueblo, las costumbres de la gente y las
vivencias que tuve sería una abominación.
San Francisco toma su nombre completo del río Onzole. Este es una
división del río Cayapas que corre hasta Borbón.

Está bien. Vamos por el principio. Para llegar a Borbón, uno debe
tomar un bus desde Esmeraldas. Son dos horas y media o tres hacia
el norte.

Borbón es un pueblo relativamente pequeño a borde del río
Cayapas. Fue ahí donde estaba mi jefatura del area 7 y donde solía
reportar mis tareas cada 22. Había empezado mi rural ahí. Dos meses
hasta luego ser transferido según lo planeado hasta San Francisco.
El pueblo dispone de los servicios básicos hasta cierto punto. Hay
agua potable en en centro, aunque en la periferia la gente sigue
dependiendo del río o de la lluvia. Electricidad casi todos
disponen de ella, aunque hay apagones con relativa frecuencia. En
el hospital civil, que era donde yo trabajaba, había un generador a
diesel para ser usado en las emergencias, como una falla en medio
de una cirugía. Teléfono particulares habían aunque la gente
prefería mucho más las cabinas o los celulares. Sólo hay señal
PORTA allá. En los mercados se puede comprar pescado, fresco y
salado con mucha facilidad. El marisco tampoco es problema hasta
cierto punto. Es más difícil de conseguir carne o pollo. La comida
combina elementos locales, selváticos y colombianos, como jugos o
batidos de frutas como el araxá, que es como una variedad de
caimito pero sin pegamento y ácido; o el yafruit, que es una
versión gigantesca de la anona. El encocao y el pescado frito es
accesible en cualquier lado. Y por su proximidad a la jungla, se
puede encontrar guisos de animales como perezoso (aunque tierno y
sabroso, verlo vivo y a punto de faenar me dieron escalofríos, por
su parecido al humano), la tatabra (una especie de chancho
salvaje), el armadillo (también es sabroso, pero dejen la piel de
lado) y la guanta, si se la hallaba.

Para llegar a San Francisco o cualquier comuna de adentro, se debe
usar canoa. Las puede uno conseguir en el muelle y el precio por
viaje es un poco prohibitivo, por la distancia, aunque por el
tiempo transcurrido se compensa. Tras salir la canoa del muelle, se
adentra uno y lo que más ve es verde. Vida y naturaleza al máximo.
Luego de cierto rato, empiezan a aparecer las comunas de río.
Algunas de negros, algunas chachi, otras manabitas. Pasada más o
menos una hora y media el río se bifurca y tomando la derecha
empieza el río Onzole.

El primer pueblo grande que ve uno es
Anchayacu. Un pueblo que ni vale la pena mencionar, puesto que yo
fui a hacer unos recorridos ahí, y créanme que al parecer fue ahí
donde se acuñó el término "negro vago", puesto que la mayor parte
de sus habitantes no hacen otra cosa que dormir, beber, jugar al
fútbol o al naipe y bailar. Pasé ahí las peores noches de mi vida,
puesto que el sub-centro, construido en época de Lucio, a pesar de
tener buena infraestructura y todo eso, no tenía malla metálica en
las ventanas. Yo, durmiendo malamente en unas colchonetas apiladas
y con un toldo minúsculo, con las ventanas abiertas y a total
oscuras (algún idiota había cortado el suministro eléctrico so
motivo de no hacer falta..), sentía los uros que pasaban bien el
toldo, junto a uno que otro zancudo que se colaba apenas se daba la
oportunidad, más los cientos que zumbaban fuera y el calor de la
noche... La comida era otra cosa. Tras haber fracasado el intento
de cocinarme por mí mismo (al pedir una cocineta me dieron la más
vieja del pueblo, junto a un cilindro cuya válvula bamboleábase
como borracho. Una puta bomba de tiempo) tenía que depender de la
voluntad del pueblo. ¿Voluntad? Jáh... Los últimos días si comía
algo en el día tenía suerte. El día final salí furioso y les dije a
esos vagos que no volvía más porque no sabían tratar a los que
venían a servirle. Ni siquiera fueron capaces de limpiar unos
depósitos de agua de lluvia que solía usar a pesar de insistirles a
cada rato. O cuando uno veía que esa gente, alrededor de sus casas
criaban charcos verdosos y podridos, amén de colonias de mosquitos
y si uno les sugería que usasen el ripio o arena que por ahí tenían
abundante para corregir esos charcos la respuesta era "Es que `toy
ocupao..." jugando naipe o viendo la novelita, por supuesto. Por
eso, cuando me preguntaban si me "encantaba" su pueblo, o si
prefería Anchayacu sobre San Francisco porque era bien "alegre y
festivo", un silencio de hielo era la respuesta.

Siguiendo río arriba, se podían ver otras pequeñas comunas tales
como Tangaré, Bellavista y Boca de Izquandé. Tras esta última, unos
minutos más de río y llegaba a San Francisco del Onzole.

Es una comunidad muy pequeña, puesto que el número de casas si
supera las 60 es mucho. Pero cuenta con electricidad, aunque el
servicio es bastante inestable (el peor mes fue febrero, donde tuve
que aguantar hasta 9 días seguidos a punta de vela) y carece tanto
de agua potable como de telefonía celular. El agua se la consigue
por río o por lluvia, que aún abunda en el sector. Obviamente, tras
los límites del pueblo se vislumbra sólo verde. Existe una entrada
accesoria al pueblo mediante un camino de verano que es tan recto
como el electrocardiograma de un taquicárdico. Y que cuando llueve
el camino se convierte en Nutella. De hecho, el suelo de todos
esos lugares es esencialmente arcilloso. O sea que cuando viene la
lluvia se forma un lodo espeso, pegajoso, ,resbaladizo y muy
molesto.

Las casas son principalmente de madera o caña, aunque algunas son
de ladrillo y cemento. Dependiendo de la familia, el total de
personas suele oscilar entre 4 y 10. En cuanto a la disposición de
excretas, pues el alcantarillado brilla por su ausencia. La forma
preferida de deshacerse de los desechos suele ser quemarla, en
algunos lugares hay letrinas o pozos sépticos, y muy pocos,
afortunadamente, cometen la estupidez de tirar sus desperdicios al
río. Teléfonos hay cuando hay electricidad. Una sola línea
convencional cuyo precio por minuto es un poco superior al original
pero suele resolver algunos problemas de comunicación. Celular...
digamos que yo fui a Quito a solicitar la instalación de uuna
antena repetidora, el documento quedó, pero de ahí depende del
pueblo la pronta instalación.

En cuanto a la dieta de la gente... tengo que reconocer que la
gente del campo esmeraldeño tiene una dieta MUY POBRE. Básicamente
arroz brillante de la grasa usada, verde hervido, todo abundante
como una montaña, y sobre eso, algún "topping" que suele ser o
encocao o huevos fritos. La gente ABUSA del frito. Y qué suerte que
no conocen tanto la mayonesa, ,que si no... La grasa más usada es
por supuesto, el aceite de palma. Es decir, si piden aceite,
olvídense de marca SAO, o Luigi o cosas así. Como mucho un La
Favorita, pero lo usual es hallar pura manteca de palma. Eso, junto
al consumo de pescado salado, lo emocionales que son los negros y
la predisposición de la raza a la hipertensión, pueden sacar sus
conclusiones.


Qué me gustó de mi pueblo:
Como cosa principal, la gente en general. Sobre todo los adultos
mayores. Gente sencilla, amigable y respetuosa. Allá dejo amigos
que no olvidaré: Don Flavio, hombre trabajador y aguerrido; Doña
Tomasa, profesora y madre abnegada; Don Seider, el líder del pueblo
y marido de doña Tomasa; Doña Luisa, esa amable anciana con la que
solía conversar y ayudarla a moler su maíz para elaborar natillas y
champú (una especie de morocho), Doña Elsa, mi querida enfermera,
entre otros.

Otra cosa que gusté bastante fueron los paisajes. No sólo de día
para apreciar la jungla hasta donde cupiera la vista, sino también
lo que es de noche, cuando se iba la luz era mejor (relativamente
hablando) para poder ver el cielo y vislumbrar el espacio como
nunca se veía antes. Aparte, las luciérnagas le daban un aspecto
mágico al pueblito.

En San Francisco aprendí, entre otras cosas, a bailar salsa (antes
era una tabla), a matar un pescado para comerlo (y el muy méndigo
revivió tras haberle decapitado y echarle agua hirviendo para
sacarle su baba en la piel... me dio un sustazo el condenado), a
suturar con sólo un trozo de aguja e hilo recto, entre otras cosas.
Mi dieta consistía en granos y pescado o carne. El arroz y el verde
casi ni lo tocaba, pues había decidido ponerme a dieta y a
ejercicios. Había oído una especie de ley allá en mi pueblo que
médico que entraba flaco salía gordo y el que entraba gordo salía
rodando. Yo por suerte pude quebrar esa regla. Entre otras.


Qué no me gustó de mi pueblo:
Creo que el principal sinsabor de San Francisco del Onzole fue el
robo del que fui víctima. No hubo derecho. Yo, una persona que les
atendía sin cobrarles, que velaba por la salud de la gente, que se
sustraigan ese TV y el DVD que con tanto esfuerzo mi predecesor y
la enfermera lograron adquirir, eso no tenía nombre. Lo peor es que
había gente que conocía quién realizó el robo pero sea por la
"familia" o por simple quemeimportismo se hicieron de la vista
gorda. Posiblemente yo sea el último médico que conozcan...

Mi principal decepción fueron los jóvenes. No era justo que un
hombre de 50 o hasta 60 años salga puntual desde las 6 de la mañana
al bosque a recoger su sustento para regresar 4 o 5 y ahí
compartir con su familia; y que un muchachón desde los 15 años,
bien papeado, con un cuerpo que provoca envidia, su horario de VIDA
sea éste: De 9 de la mañana a 1 de la tarde: Jugar naipe con sus
amigos. 1 a 2: Exigir a grito pelado su almuerzo y comérselo. De 2
a 4: Más naipe con sus amigos o escuchar reguetón. De 4 a 6: A la
cancha a jugar fútbol a lo bestia. 6 y media al río a bañarse.
Desde las 7: tras merendar, a ver la novelita hasta que sean 9 o
10 y a dormir para repetir mañana el mismo ciclo. Una y otra vez
variando fin de semana para beber y bailar salsa. No es posible.
Estos muchachos en vez de tomar la posta son más parásitos que las
ladillas. JOVEN NEGRO VAGO, es la expresión indicada. Qué
verguenza.

Los CHACHI: Fuente enorme de dolores de cabeza, pues estos dichosos
indígenas costeños poseen una especie de modo de pensar que los
hace tan reacios a curarse o a contactar con otros. Piensan que las
medicinas son mágicas que con una cucharita se curan y si
no..."medecina mala dotó, no serve, no serve" o que no pueden pasar
noche en otro lugar que no sea la casa, o su impavidez al ver a un
familiar cercano sufriendo... Se necesita mucha paciencia para
entender a estos Chachi.
LA DEFORESTACIÓN... algo de lo que ya he hablado antes.

La incultura del negro. Mucho más profunda que la mayoría del
ecuatoriano. Para el montón, no hay más música que la salsa, el
VALLENATICO HIJO DE MIL PUTAS, el reguetón marihuanero, y la
rockolera-chichera. Pare de contar. Uno muestra rock, Mozart, jazz
y piensan que es cosa del Diablo o que es "loco". La videoteca
promedio del moreno suele ser: Sicario 1, Sicario 2, Sicario 3,
Sicario 4, Sicario 5, el hijo del sicario, la hija del sicario, la
guerra de los sicarios, los sicarios en navidad, la masacre china,
el destripador colombiano, etc, etc. Y esa basura puede estarla
viendo niños desde los 2 años. No hay análisis alguno. Y de los
libros mejor ni hablar. Con decir que ya son detestados como
tarea... El moreno suele ser muy brutal para muchas cosas. Como por
ejemplo el castigo de los niños, el cual en algunos lugares que he
visto, suele consistir en algunos varillazos con una rama. Pueden
caer hasta 30 o más. Y aguantan desde el año algunos. O de cómo
matan a los animales. Con decir que a los pollos los AHORCAN. El
pobre animal tarda unos 15 minutos en morir. Su griterío (ahora
entendí el término "merienda de negros") innecesario. Entre otras
cosas.


Los dichos de la gente:
Una cosa que se me pegó de los morenos, era su dicción. Muchos me
oyen y dicen que hablo mejor que el genio Matamba, vea...
Hágame el favor: Usado cuando está la paciencia del moreno a punto
de estallar.
Vé--: Una de las interjecciones más usadas. Para asombro, rechazo o
imputación de criterios.
Mchuik! (Onomatopeya del beso): Otra de las interjecciones más
usadas. Sobre todo de asombro, estupefacción o dolor, la oía mucho
al suturar a alguien.
Mis días / ya días: ODIABA esa maldita expresión. Por su
ambiguedad. Ese término podía abarcar de 24 horas a 5 años.
- ¿Cuánto lleva con ese dolor señora?
- Ya mis días, dotor...
- Cuánto está con la diarrea este niño, señora?
- Tiene sus días, dotor...
(GRRRRR)
Un poquito: Otro término ambiguo. Lo tomaba como que la enfermedad
progresaba a mejoría.
¡Deje la...! :La orden más usada. Uno puede dejar la bulla
(callarse), dejar la mentira (no chamullar), dejar la vagancia
(difícil), dejar la lloradera (esos niños tienen unnos pulmones...)
etc.
Un diablo: Un batracio/delincuente.
Una tunda: Una volantusa o calzón flojo.
Ayyyyy.... : Expresión usada como equivalente de algo muy grande, o
largo o simplemente inllevable. Ejemplo, que cuánto le tocó pagar
por tal cosa, responde 1000 dólares, respuesta, Ayyyyy....
¡Mi parte!: Una porción de comida, por favor.
Dotó, regáleme 50 centavo...: Muy empleada por niños y jóvenes...hmph...

Bueno, como conclusión, digo que la pasé bastante bien por allá,
tuve muchas aventuras, palpé realidades duras y maduras y dejé
buenas amistades.
Bye-bye, San Francisco!!