miércoles, 23 de agosto de 2006

¡¡Violadas!!

Borbón, Esmeraldas.
Habiendo casi terminado mi año rural (pues vaya que el tiempo se va rápido...) y ya habiéndome despedido de mi comuna; me encontraba haciendo guardia en la sala de emergencia del hospital donde me solía reportar. Estaba en ese momento cubriendo a una compañera, que estaba medio abollada. Así que hice la guardia por ella, más por deseo de hacer algo, de no ociosear que otra cosa.
Un intento frustrado de pegar pestaña debido a la irrupción de una distónica (no entraré en detalles) me mantiene despierto a la una de la madrugada. Pero la lata que provocaba esta mujer iba a ser sucedido por algo mucho más grave...
Escuchaba sollozos y llantos quedos, junto a algunas figuras que iban y venían por la sala de espera. Un poco extrañado y mosqueado salgo a ver qué ocurría.
Frente a mí se hallaban dos chiquillas, cuyas ropas de salir estaban medio manchadas de lodo y cuyos rostros llorosos afloraban una tragedia brutal. Tras ellas una robusta señora, madre de una de ellas, me aclara el dato:
Las chicas fueron violadas.
Así de sencillo.
Ellas habían salido a bailar con un grupo de "amigos" y ya se aprestaban a regresar a su casa, cuando sus "amigos", tras haberles ofrecido una bebida medio sospechosa, les colocan un trapo en la boca y las meten a la fuerza en un galpón y ahí son ultrajadas a sus anchas.
Termino de oír la historia y una de ellas estalla nuevamente en llanto. Un llanto rabioso, amargo, desesperado. Yo crispo mis puños de ira y, tras hacer marchar a la histérica anterior a su casa, hago pasar a las chicas.
Nunca antes había atendido un caso de éstos, y sinceramente no sabía muy bien qué decirles para consolarlas, calmarlas o por lo menos aliviarlas. Nada.
De todos modos, hago lo posible para acompañarlas en su dolor, sin aproximarme mucho, pues ellas ahora estarían renuentes a todo contacto masculino. Una de ellas, de todos modos agarra mis manos y mientras llora, las aprieta hasta hacerme doler. Musita que por qué a ella, que no le ha hecho daño a nadie; luego que los va a matar, lo hará como sea. Luego vuelve a llorar...
La rabia y el deseo de castrar a los bastardos ésos con un serrucho oxidado impide que vierta lágrimas. Estoy furioso. Si hubiera llegado un policía con uno de esos hijos de puta para que ellas lo reconocieran estoy seguro que no me hubiera controlado.
Sólo puedo decirle que la apoyo en su decisión de matar a esa gentuza. Que los haga sufrir mil veces lo que a ella. Veo sus ojos, y los de su amiga. Veo algo que sangra, algo roto. Y algo que ha muerto. Que nunca podrá recuperarse.
Me solicita la madre que las examine para verificar violación, pero sabiendo el estado de ellas, voy a preguntarle a una obstetriz si podía encargarse de la situación. Yo tengo el conocimiento legal, pero no tanta práctica. Ella se niega. Que lo haga la policía y que allá ponga la denuncia. Lo dice para sacársela o para no meter en problemas al hospital?
Salgo y comunico a la madre. Ella asiente y dice que luego va a buscar a la policía... Me despido de las chicas y sus miradas me vuelven a mostrar eso roto, eso que ha muerto nuevamente.
Al día siguiente empiezo a comunicar la noticia a los que podía. Pero muchas de sus respuestas me dejan más asombrado. Uno me dice que una de ellas es putísima, que a él se le había ofrecido ni se cuántas veces, capaz que estaba lamparoseando. Otro médico viejo me explica que aquí las peladas aguantan verga desde chiquitas, que al rato las vas a ver de vuelta del brazo hasta del mismo que las violó... etc, etc.
¿Es que nos hemos vuelto tan permisivos que todo nos vale verga hasta que nos toque?
¿Es que una mujer, así sea la más fácil, ofrecida y volantusa del mundo, no tiene derecho a decir NO cuando no desea el sexo?
¿Es que aquí los machos que violan, drogan o golpean a una mujer para "levantárselas" y luego jactarse con sus amigos debe ser aplaudido por machote?
Ya veremos cuando le pase a la hija de uno...

VALLENATO HIJO DE REMIL PUTAS.