lunes, 2 de octubre de 2006

VIAJE A ARGENTINA DIRECTOR`S CUT. PART TWO

Continuando con mis entregas inéditas, voy a la segunda parte.

Parte 2: Trulz, el jalón noruego.
Tras haber pasado la bochornosa experiencia de casi caer preso en las garras de la poli peruana (ver más abajo), lo último que deseaba era meterme en otro barullo ilegal. Bueno, cuando empezó mi viaje hacia Arica no me habían especificado que iba a durar más de 24 horas. Eran unos 2000 kms de viaje desde Arica hasta Santiago, pero los buses transnacionales cubrían todos los servicios. Un baño que sí funcionaba, asientos MUUY amplios y cómodos, una cobija con su almohadita para pasar la noche, películas continuas para el que no desee ver por la ventanilla (tal vez uno que viaje por esa ruta siempre, lo que menos me interesaba en ese momento era la pantalla del Tv...)

Más o menos antes de la mitad del viaje, mientras veía el paisaje, vi que un par de europeos, por la pinta pasaron a mi lado, y al mismo tiempo, un TUFO de indio espantoso me taladró las fosas nasales. Voltée a ver bien a los manes y eran dos rubios. Uno rubio oscuro de pelo largo, flaco y mal afeitado. El otro con rostro aniñado (de niño en el buen sentido de la palabra), cabello corto, rubio casi blanco e imberbe.

Por no se qué curiosidad, los saludo y ellos me devuelven la sonrisa y el saludo. Campechanos en apariencia, aproveché una parada para cruzar palabra. Vaya, uno de ellos casi nada de español y el otro mal masticado. Así que toda la charla en english. Nos presentamos: El alto y de pelo largo era de Alemania y se llamaba Ambrose. El otro era de Noruega y se llamaba Trulz. La conversada iba de cuestiones de los países nativos, política, profesiones (yo era médico, Ambrose era instructor de sky sobre nieve y Trulz... no me acuerdo qué hacía... estudiaba parece...)
Así, y todo nos hicimos panas. Y en buena hora pues gracias a ellos no gasté todo mi billo en algun hotelazo 5 estrellas para pasar la noche ni hubiera deambulado como gil en la hermosa Santiago sin rumbo fijo. ¿Mencioné el hedor? Bueno, Trulz estaba 3 días de bus en bus, o sea sin bañarse, Ambrose (al cual le puse de apodo Legolas por parecer elfo...) 5 días. Yo llevaba dos así que era la stink-fest. El caso era que ellos por medio de una amiga (Consuelo) reservaron una noche en un hostal para Backpackers. El baño fue literalmente peleado por los tres. Acordamos que iríamos en orden de pestilencia. Yo pues fui a la cola.

Al otro día me despedí de Ambrose pues él iba a Penitentes a enseñar esquí.
Junto a Trulz viajamos hacia Bs.As. durante el viaje, iba tranquilito, a pesar que la noche anterior, nos habíamos pegado un par de grifitas. Esta gente no se priva de nada. Bueno, yo el humo nomás lo mastiqué. No lo dejé caer hasta adentro así que no pude volar... A veces conversábamos, a veces no se decía nada.
Ya en Bs.As. con Trulz me veía sobre todo por las noches o temprano por la mañana. El resto del día nos separábamos para pasear cada quien por su lado. Buena relación de todos modos.

Una noche, la cual había vuelto yo temprano (relativamente hablando, a las 2 de la mañana) y como no tenía sueño me puse a ver mi canal favorito, Locomotion. Al poco rato escucho pasos y risas. Las risas se hicieron risotadas mientras Trulz hacía su entrada ruidosamente y agitando un sobre y una superficie de plástico duro. Me miró y con una afabilidad superior a la habitual me dijo:
- ¡Hola hermano, tú sí que eres mi pana, eres mi amigo, todo bien contigo!
(Obviamente, el díalogo era en inglés)
- Er... hola Trulz... ¿cómo así solo? Te dejaron las inglesas?
- ¿A quién le interesan esas hijas de puta cuando tienes lo mejor para pasarlo bien solo?
- Ah ya...
- Y como tú eres mi pana del alma, ¡¡yo voy a compartirlo contigo!!
- ¿Qué cosa?

No me contestó. Se sentó, puso su tablita plástica sobre sus piernas y empezó a trabajar. Yo por lo oscuro y por darle atención al anime, no pude ver qué era, pero podía oír un ruidito como golpeteo que parte algo. Tic-tic-tic-tic... Trulz termina su "platillo" y con una sonrisota de oreja a oreja y con los ojos como los de un conejo voltea a verme:
- Ahí tienes Raúl. ¡La mejor calidad! La mitad para tí y la mitad para mí.
Sobre la tablita plástica se veían cuatro montoncitos lineales de un polvo blanquecino y brillante.

¡¡LA PUTA MADRE!! ¡¡COCAÍNA!!


Imaginé en ese momento a 10 efectivos de la Interpol armados hasta los dientes subiendo al hostal, echándonos pistolas en la cabeza al noruego y a mí y pasar el resto de mi vida en cana por "tenencia de estupefacientes" sin haber hecho nada. No, ya tuve suficiente con lo de Tacna, así que me planto firme ante Trulz:
- No, Trulz. Te puedo fumar hierba, pero esto no te lo toco.
- ¿¿ME VAS A DESPRECIAR?? (Tipico jalón belicoso)
- Pues sí. Te voy a despreciar. Y te digo que meterte eso te va a hacer mucho mal. Soy médico, Trulz. Nada bueno sacarás de esto.
- ¡No me jodas, mierda! ¿Cómo sabes que es malo si no has probado? Vente, prueba.- Y dando acción a la palabra, Trulz se pega una "carrerita" y una de las líneas desaparece en su nariz. El efecto es inmediato y puedo ver cómo se descuajaringa el noruego...
- Ya. Ahora tú. Un solo jalón.
- ¡Te dije que no, Trulz! (Ahí me preparé por si me quería soltar un puñete. Extrañamente, Trulz era patucho, siendo de Noruega)
-....
-.... Bueno, mierda. Tú te lo pierdes. Más para mí. ¡Jajajajaja!
Dio media vuelta, se metió no sé donde y es obvio lo que hizo con el resto de la coca.

Al día siguiente no lo veo sino hasta la noche. Y efectivamente, con la jaladota que se metió, no recordó nada de lo de anoche. Me saluda amistosamente y sigue su camino. Al día siguiente se fue.

Ahora mi pregunta a mis lectores es: ¿Qué mismo es que se siente con una jalada de blanca encima?