sábado, 21 de octubre de 2006

xxxx T O F U E N O Z xxxxx

¡¡POR FIN!!
Para complacencia de todos los miembros de las caritas tristes, los fans de lo oscuro y lo que había pactado anteriormente con Alice, finalmente suelto el post semi-ficticio compartido...

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Abrí mis ojos y no pude creerlo.
Tras haberme desmayado, luego de haber abierto mi palma profundamente, en un desesperado intento por salvar o infundir algo de vitalidad a Alice, esperaba despertar en algún salón de emergencias, tan familiar para mí, envuelto entre lamentos carmesíes, murmullos asépticos, desiciones vestidas de albo y siseos plateados que hendían pieles, músculos y demás tejidos...
Era mi mundo.

Pero no.
Ante mí se desplegaba una árida llanura, un páramo desolado, blanco y negro, casi sin grises. Como cortado con los bisturíes que tanto placer me provocaba usar... Es entonces cuando mi cuerpo comienza a darme parte de cómo influía en mí esta dimensión bizarra... Un calor seco, que serpenteaba por mi piel provocando fiebres locales y bochornos brutales. La sed, mi garganta gemía por sí sola. Sentía como si hubiera cenado un kilo de arena todo regado con abundante polvo. Cada pliegue de mi mucosa rechinaba contra sus vecinas. Extrañamente, al mirar mi mano, vi que no sangraba, mas la extrema debilidad que me atenazaba me susurraba que había perdido bastante.

Pese a todo empecé a caminar.
Buscando una salida, agua, algo de comer, ALGUIEN, que mi única compañia era el sofoco y la sequedad. Cada paso requería de toda mi voluntad y mi deseo de vivir. Mis pies horadaban el quebradizo suelo de aquel maldito lugar al cual había caído por quién sabe qué malevicio, karma o destino al fin y al cabo.
Mi pie derecho se niega a moverse y volteo a increparle.
Veo que una prolongación negra, brillante, húmeda (hubo un momentáneo deseo de lenguetearla en busca de humedad) estaba enredada en mi tobillo. Debía asustarme, pero el miedo no lograba meterse en mi cabeza. Debía pelear, pero toda mi fuerza la empleaba en estar de pie. Así pues, dejé que esa forma, esa gelatina ennegrecida fuera culebreando por mi pierna, extendiéndose hacia la otra, cubriendo mi vientre, invadiendo mi pecho, vistiendo mis brazos, revoloteando, pegoteando y palpitando en mi cara, penetrando en mi boca, ensañándose en mis fosas nasales, obturando mis oídos.

No sé por qué, pero empiezo a sonreír.
Siento un raro alivio que me deja relajar mi cuerpo, entregado ya al ímpetu de ese limo negro borboteante, y lentamente lo hace caer, mientras mi campo visual se va achicando, como los finales de las películas mudas que tanto me gustan...

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Vuelvo a despertar.
No estoy muerto.
¿No me querrá la parca o qué?
Todo lo veo nebuloso y girante, destacando una flor naranja que baila un ritmo desconocido para mí. La flor canta, canta distorsiones que se repiten una y otra vez. Esos sonidos amasados lentamente se van desenredando y forman letras. Y las letras palabras. Y éstas frases...
- ¿Ya estás despierto?
Sacudo la cabeza.
La flor naranja deja de bailar y se convierte en una fogata. La frase provenía de algo o alguien, cercano mío. Mis ojos dejan de fallar y registran la imagen de una mujer. Una mujer. Vida. Alguien.
La silueta blanca me muestra redondeces exquisitas, tapadas apenas por un tenue vestido azabache que más parece pintado en su cuerpo. Ese crudo contraste de blanco con negro convierten a ese ser en algo espléndidamente sobrecogedor. Sus ojos, posados sobre mí, reflejan sus facetas iridiscentes.
- ¿Quién eres?
- Me llamo Dorothy. Te necesito. ¿Cómo te llamas?


A juzgar por la situación, temo que he de adaptarme a este mundo nuevo. No estoy asustado, ni siquiera al recordar mi abducción por el limo negro. Es más, tengo la impresión que ese ser, sea lo que sea, decantó mi alma.
Modificó mi frecuencia.
Rompió mi equilibrio entre luz y oscuridad dejando sólo la... oscuridad.

- Yo me llamo Trev... digo, Tofu.

Continuará en el blog de Alice.