sábado, 12 de mayo de 2007

RADICAL...




Advertencia: Post gore, es decir de contenido muy violento.

...Por fin he logrado atraparte.
Tus ojos, de seguro inyectados en sangre y nublados de solvente de goma al cometer ese crimen, ahora están fijos, temblorosos, desorbitados por el miedo.
Fijos en mi persona, cubierta con un traje plástico enterizo, una mascarilla desechable y gafas plásticas.
Y moviéndose desesperadamente hacia tu propio cuerpo, perfectamente fijo con gruesas correas de plástico a la a cama especial que preparé para ti. O más bien una mesa.
Tus chuchas de tu madre, tus jueputa, tus mamaverga suéltame suenan como los ladridos de un chihuahua tras rejas de grueso acero. Me divierten. Tus insultos flaquean y se derriten en un galimatías de déjame ir ñañitoshh, yo no te hishe nada pana, no sheas turro....
Verdad es.
Nada me hiciste a mí.
Se lo hiciste a alguien muy querido para mí. ¿Recuerdas?
Sin pena, sin remordimientos, sin pensar.
Hundiste tu navaja hecha del mango de una cuchara en un ser que para mí era tan importante, tan necesario, pero en esa persona sólo viste un puñado de billetes con el que pudieras conseguir tu aguardiente y tu cemento de contacto para divertirte mientras rapeabas tu reguetón.
Incluso a pesar que tu victima no opuso resistencia, la heriste de muerte para que no "shapee". La dejaste ahí, ahogándose en su propia sangre, fruto de tu brutal tajazo en el pecho, que inundó su tráquea de fluido carmesí. Esta persona, tanto que tenía que ofrecer, tanto que reír, que llorar, que luchar, no iba a estar a mi lado más. Una parte de mí murió junto a su cadáver.
Pero ese hecho finalmente sacó mi instinto de justicia real.
A la mierda la policía. Te meterían preso dos días y luego tu miserable familia te haría sacar para que continúes haciendo lo que mejor sabes hacer.
Sembrar miseria e infelicidad.
Así que ahora estás ante mí. Tu juez, tu jurado y tu verdugo.
VAS A PAGAR POR TU CRIMEN.
¿Querrás saber el motivo de que tus piernas estén levantadas con cuerdas envueltas en toallas?
Es para que las cuerdas no te apreten y pierdas sensibilidad.
Bueno, deja de chillar, que recién voy a empezar.
Tomo un pincel y mojo la piel de tu muslo derecho en alcohol puro. Concienzudamente. ¿Que qué te eshtoy hashiendo, pana? Ya sabrás. Ya sabrás...
El sudor helado te cubre el rostro al ver cómo desenvuelvo de un paño limpio un set de herramientas. Herramientas quirúrgicas. Y de un pequeño envoltorio empieza a refulgir un pequeño y plateado escalpelo que acoplo al mango. Tras eso, me calo guantes de goma. No quiero que tu inmunda sangre manche mi humanidad.
¿No, no, no ñaño, no, no? Repito tus gemebundos ayes burlonamente mientras con el lado romo del bisturí acaricio tu rostro estremecido. Siente bien esta cosquillienta sensación porque es lo último placentero que sentirás en mucho, mucho tiempo.
Con un marcador dibujo en la mitad de tu muslo derecho dos líneas convexas que se unen en los bordes. Ya no escucho tus ruegos de misericordia y perdón por lo que hiciste. Cierra el hocico, gentuza, que voy a trabajar.
La punta del bisturí separa en dos la línea que pintaba tu muslo mostrando tu dermis paliducha y numerosas perlas rojas que se van convirtiendo en líneas y arroyuelos silentes. Tu primer alarido resuena por toda la habitación. Música para mí...
No llores aún, reguetonero batracio, que recién empiezo.
Tomo un electrocauterio conectado previamente y empiezo a quemar suavemente los puntos por donde sangras. Cada "fsssss" es aderezado por otro chillido de tu parte.
Usando el cauterio y ayudándome con las pinzas de campo, tu piel se va levantando en dos enormes colgajos que, ayudado con otras cuerdas, dejo bien asegurados. Vaya, esas correas son mejores de lo que pensaba. Ni tus convulsiones salvajes hacen mover mucho mi campo de acción. Bien, los músculos ya están expuestos... vamos a ver...
Mi dedo enguantado va separando las fascias de todos los grupos. Ni necesidad tengo de recalcar que cada hundimiento digital lo sientes como si te penetrara un cautín. Tus gritos se van espaciando. Es como que te vas acostumbrando a este sufrimiento. Tendré, tal vez que esmerarme en aumentarlo...
Encontré la safena. Con hilos negros y tijeras, es ligada y cortada. Lo mismo ocurre mirando el lado interno de tu pierna. Esa enorme arteria por la que corre, brutal y salvaje como tu propio ser, la sangre que es tu vida completa. Si la seccionase surgiría un surtidor pulsante que en unos minutos te vaciaría sin más llevándote a una muerte segura. Pero no deseo tu muerte. Deseo tu sufrimiento.
Así que, mediante anudamientos, pinzadas, ligadas y más, son separados en dos segmentos tu arteria, tu vena femoral y el nervio femoral. Dedico un tiempito especial a cortar con lentitud ese nervio. Es como esperaba. Los espasmos de sufrimiento que te provocan son dignos de registrarse. Bueno, sigamos...
Como no dispongo del tiempo necesario, debo usar el electrocauterio a máxima potencia para ir cortando tus músculos. Uno tras otro. Tu llanto se intensifica cada vez que secciono uno de ellos. Vastos, rectos, aductores, sartorio, crural, semitendinoso, semimembranoso, recto interno. Uno tras otro sangran levemente, brincan y se sacuden cuando mi filo eléctrico los corta y los quema.
Ahora me concentro en tu parte posterior.
Primero debo separar de un buen tirón los bíceps crurales que protegen tu paquete poplíteo. Gruesos vasos y el cordón nervioso. Los vasos son un toque en ligar y cortar. Porque el nervio poplíteo, mientras lo vaya inyectando primero de agua destilada para aumentar la sensibilidad, y luego cortarlo muy lentamente, va a provocar en mí un placer enorme.
Y en tí un dolor indecible.
Oh no, te desmayaste. Mejor te aplico un estimulante para que despiertes pronto. Has sido un aullante testigo de mi operación de sanción y no deseo que pierdas un detalle. Al despertar de nuevo, te acomete una visceral e instintiva furia y me exiges a la mala que te mate.
Nada de eso, reguetonero.
Mi objetivo no es matarte.
Sólo es hacerte sufrir. Al extremo.
Bien, piel, músculos, y vasos con nervios ya han sido cortados. Ahora sólo falta el último detalle.
Tu fémur.
Veamos qué tan doloroso puede ser un toque en tu periostio. Por el rugido que profieres al tocarlo con el decolador, es serio. Bien pues, a desperiostizar. Tu fémur queda peladito. Listo para mi herramienta preferida. Un sinuoso hilo metálico con pequeñas puntas y relieves. Hago caso omiso de tus ruegos tus llantos y tus gritos de dolor y procedo a realizar un rápido vaivén en la diáfisis. Pequeñas virutas blancas bailan de un lado a otro. Y con un último chasquido tu pierna, esa que usabas para salir a la carrera cada vez que robabas o matabas a alguien para justificar tus vicios, es separada de ti, quedando colgada de la cuerda que ata el tobillo. Unos últimos hilillos de sangre corren tanto del miembro amputado como de tu muñón.
No, no creas que te dejaré así. Te inauguré de tullido y debo hacerlo bien. Tu muslo se ha reducido a un tembloroso tronco roji pardo de centro blancuzco.
Entonces es turno de aguja e hilo. Plano por plano voy cerrando esa enorme boca que provoqué. Tus aullidos se han reducido a gemidos y estertores. Buen chico. Ya mismo acabo aquí.
La boca se cierra con toques de hilo fuerte y dejan una línea repleta de puntos.
Esa es tu sentencia, reguetonero. No te he sentenciado a muerte, sino a una vida invivible.
Ahí tienes tu pierna. Obsérvala, entre la cortina de tus lágrimas.
Y sigue llorando, sigue arrepintiéndote de tu acto execrable, porque aún no estoy saciado.
Ahora sigue tu pierna izquierda. Y me importa un culo tu NOOOOOO de 100 decibeles.
Para que no mueras de dolor, te inyecto unos analgésicos a la vena. Sufrirás atrozmente, pero vivirás. Convertido en un guiñapo.
Estoy riéndome de antemano al ver la expresión de tu familia de gentuza al ver lo que te hice.
Los llantos histéricos de tu madre y hermanos. La mueca horrorizada de tus amigos.
¿Piensas que me voy a quedar con tus piernas? ¿Acaso me van a servir de algo esos tocones de carne inútiles?
Claro que no.
Te voy a devolver tus piernas.
Tu familia las va a recibir. En dos días justos.
Pero ADOBADAS Y HORNEADAS.
Con eso tu mísera familia tendrá para comer una semana, creo, si la refrigeradora que han de haber robado aún funciona.
... y se los haré saber en uno o dos días tras la comilona.
Que te aproveche tu carne, gentuza.
Nota: La amputación sí ocurrió, pero en quirófano, con equipo de cirujanos y con el propósito de salvar una vida, y no de sentenciarla. Se amputo la pierna derecha. Pero los detalles sirvieron para el cuento.