jueves, 13 de marzo de 2008

Tofu en Cali 3. Crónica final y tras 30 horas de dolor sacro.

Primero que nada, otorgo sinceramente toda la razón a PaoPao y a mi Compa Slayer. No llevar cámara de fotos y no cambiar la tarjeta a internacional son olvidos GILES (Pero igual te sigo diciendo Osaka... jajajaja).
Segundo: Desde mi humilde madriguera quiero otorgar un fuerte abrazo y un gran beso a una miembro muy querido de mi manada, sí, me refiero a tí, mi Megumi-Haruhi-chan. Feliz cumpleaños, happy birthday, OMEDETO GOZAIMAZU!! Y claro que me encantó compartir unos minutos a celular contigo.
En fin, cuando había escrito la crónica anterior, ya había tomado la decisión en la mañana de salir de vuelta a mi país en la noche, habiendo ya comprado el boleto. Así que tras notificar que estaba con vida todavía, dediqué el tiempo que me quedaba en esta ciudad a recorrerla un poco más.
Y sinceramente, vaya que fue un poquito.
Siendo ya Cali una ciudad hermosa, con MUJERES HERMOSAS y MÁS MUJERES HERMOSAS, el lugar se ponía más hermoso con tanto árbol repartido. Si uno podía disfrutar de lugares como el barrio Centenario en Guayaquil o los sectores de la Oriental o en la Amazonas en Quito, Cali es todo verdor en montones de su extensión.
Extensión que yo en lo poco que vi comparé con un 70-80% de Guayaquil incluyendo sus cinturones de invasión (No vi dichos sectores en Cali). Entre algunas cosas que me amagaron fueron los buses. Aunque algunos eran ya carcasas que circulaban más a pedal y tosían más que un tísico con gas lacrimógeno, otros eran pequeñas unidades (pequeñísimas, de hecho) pero muy espaciosas por dentro. Claro, circulaban la bola como consecuencia pero uno podía ir sentado y sin presión asesina en las rodillas (hablo por mí).
Tras haber recorrido el norte caleño, ahora fijé mi objetivo en el sur. Fui a conocer un sector llamado el Unicentro (y hay otro llamado Jardín pero es casi al límite exterior de la ciudad) el cual era muy parecido al Chipichape. Lo que sí tuvo de particular esta caminata fue que lo hice con mi mochila al hombro, lo que añadió 20 kilitos al andar. Ahí supe lo que es el entrenamiento saiyajin al caminar 6 horas seguidas con ese bulto a horcajadas. Había terminado de agotar mi ya de por sí pobre presupuesto (lastimosamente las cosas acá, otrora baratas, están ya más caras que en nuestro país. Un litro de leche cuesta por lo bajo 75-80 centavos. Ya se podrán imaginar el resto de cosas) en unos adornos de cristal artesanal (burbujitas en una pieza de cristal formando figuras) como recuerdo para papá y un jefe. Todo lo que me quedaba eran 17000 pesos pelones de los cuales 10k dejé en reserva para el regreso de Ipiales a Tulcán (7k exactos) y alguna eventualidad o antojo. Los otros 7k tendría que distribuirlos inteligentemente en llenarme la panza. Escogí lo más líquido y completo posible: batido de yogur que algo palió mi voraz apetito.
Tras salir del centro comercial, intenté comerme las 4 horitas que aún me quedaban a punta de pata alegre. Bien por un lado, mal por otro. Bien al ir conociendo un poquito más a fondo las calles, los recovecos y los múltiples detalles que una ciudad tan bonita tiene para ofrecer. Y, por si no las nombré...LAS RICAS CALEÑAS... WAAAAAAAAAAAAAA que tontera tanto que ofrecerme y yo apenas habré probado una o dos cositas nada más!!!
En fin, llego finalmente la hora de salida, así que saliendo el bus fuera de la terminal me despedí de tan linda ciudad casi con lágrimas en los ojos. Pero, como dijo Vegeta.. VOLVERÉEEEEE
Lamentablemente el viaje no fue lo cómodo que esperaba siendo bus semi cama. Tal vez fue el dolor de las pantorrillas y pies pero anduve en semivigilia por las 10 horas convertidas en 13 por un desvio de ultimo minuto que yo atribuí a las FARC (con el correspondiente fruncido de ñoco) pero que fue por un deslave por cual tomamos la ruta por Tumaco hasta llegar finalmente, golpe de 8 y media, a Ipiales.
Tomé el transporte hasta la frontera, entregué la cartilla y listo, de nuevo en mi país! Tras comer algo y (miren el masoquismo) echarme otra hora recorriendo los cambios y el crecimiento de Tulcán, salí rumbo a Quito llegando a las 16:00 bajo una helada lluvia. Habría parado ahí pero los recuerdos llevados me hicieron obligatorio una salida a Portoviejo, el cual fue hecho en dos partes. Por falta de transporte temprano, tomé un bus a Santo Domingo el cual se tiró 4 horas. Y tras una demora de otra, salí a las 10 a Portoviejo, llegando tras una orgía de bamboleos, sobresaltos y vaivenes (putas carreteras manabas del ORTO)a mi casita a las 4 y media de la mañana. Habiendo salido el martes 20:30 y llegado hoy 4:30 saquen cuentas. Y estarán de acuerdo en que mi hueso sacro está en un estado de marcada gravedad por tanto tiempo sentado. Así que mis ultimos dias será en paz en mi casa. Dias de vacaciones.
Y tras eso... a las minas de sal de vuelta.
ODIO CUANDO SE TERMINAN LAS VACACIONES SOBRE TODO TAN CORTAS COMO ESTAAAAAASSSS....
NEGREROOOOOOSSS
Lo bueno que estando aquí puedo ahora sí decir con toda tranquilidad:
¡¡¡¡VALLENATO HIJO DE REMIL PUTAAAAAASSSSS!!!