jueves, 10 de julio de 2008

Junta no Conjunta



- ¡Punto de orden, doctores, punto de orden, por favor!
La mano arrugada del doctor Fernández aplastaba una y otra vez el redondo timbre que se empleaba para llamar al silencio, pero con lentos resultados. A veces se preguntaba, al armarse estas bataholas, en qué momentos dejaron de ser hombres de ciencia y sanación para volverse cúmulos gigantescos de conocimiento teórico desprovistos casi totalmente de humanidad.

Finalmente, el alborotado coro de voces entremezcladas se atenuó y volvió a imperar una calma. Calma tensa, pero calma al fin.
- Me parece que tendremos que retomar nuevamente el caso, señores, puesto que con esta discusión se ha perdido el hilo del asunto. Doctor Quiroga, por favor, vuelva a describir el caso. - ordenó Fernández.

El aludido se puso en pie, tomó una hoja llena de datos y empezó:
- Se trata de una paciente, A.I.O., 14 años, procedente y residente en...
- Doctor, no nos indique la procedencia ni los antecedentes familiares, vaya al grano, vea... - sentenció groseramente el ginecólogo Rivera.
- Pero Tiburcio, el caso debe ser descrito en su totalidad, y SIEMPRE son necesarios los datos completos del paciente. No interrumpas la presentación entonces.
Rivera cerró la boca, con la mente llena de insultos y maldiciones hacia su colega.

El residente que presentaba el caso carraspeó y continuó.
- Hábitos de alcohol, tabaco, drogas, negativo. Nulípara, no tiene vida sexual activa.
- Qué milagro, una virgen a los 14...- murmuró uno de los laboratoristas, lo que provocó una serie de risillas entre su grupo.

- El motivo de consulta es que su madre ha solicitado analizar y tratar lo que ella describe como "un severo trastorno de su conducta". La paciente no ha reportado sintomatología alguna. No indica cefalea, ni auras predisponentes, trastornos de pares craneales como cacosmia, alteraciones de movimientos oculares, etc. Asimismo niega sintomatología digestiva, respiratoria, renal, genital o endocrinológica.
Pero de acuerdo a la madre, la paciente tiene períodos en los cuales ve, oye y siente elementos ajenos a la percepción sensorial normal humana...

- Un momento, doctor - interrumpió el neurólogo Vidal - usted está diciendo que una paciente, sin sintomatología neurológica alguna experimenta alteraciones de su rango sensorial. Hasta aquí le entiendo. Pero me parece inexplicable estas manifestaciones sin sintomatología como cefalea, hipertensión endocraneal o algún tipo de tumor.
- Pero es que no necesitas un daño en el cerebro para tener alteraciones sensoriales, Chuchito - le refutó el nefrólogo De la Garza. - ¿Tú sabes cómo se pone un urémico en crisis, un insuficiente renal terminal? ¡Esos tipos terminan viendo el Apocalipsis! - el sarcástico comentario terminó entre un torrente de risas. Otra vez se oyó el timbre silenciador.

- Por supuesto que lo sé, Nico, ¡pero tú mismo estás oyendo que la paciente niega sintomatología por todos sus aparatos! Eso me parece inexplicable! A ver, doctor Quiroga, por favor, describa los exámenes solicitados...
- Laboratorio, perfil clínico y marcadores tumorales sin alteraciones. Radiografía torácica normal. Tac craneal sin alteraciones. Ecografía abdomino pélvica no demuestra nada. Electroencefalograma con patrón dentro de lo normal.
- Pues no lo entiendo - repitió Vidal. - Ese tipo de alteración sensorial debería ser corroborada con algún hallazgo. ¡Por lo menos en encéfalo!

Desde la fila de atrás se alzó una rechoncha y arrogante figura. El gastroenterólogo Núñez.
- ¡Ja! Aquí nadie utiliza el músculo como es debido. Están pasando cosas tan obvias por alto, ¡preocupándose por nimiedades!
Vidal se volvió furiosamente hacia Núñez.
- ¿Acaso implicas que mi criterio no tiene cabida en esta junta, Enrique? A ver, dímelo a la cara si crees que MI criterio no tiene cabida.

La bravata de Vidal provocó una oleada de comentarios algunos fomentando la disputa, otros, criticando a ambos colegas. El timbre volvió a sonar insistentemente bajo la mano de Fernández.
- ¡Por favor doctores, solicito punto de orden! ¡Punto de orden o me veré obligado a suspender la junta!
Vidal se calmó en parte por los que tenía al lado que le murmuraban quedamente "Tranquilo Chuchito, no le pares bola a ese hijo de puta, se cree la gran pendejada, así es siempre, aquí nadie lo traga..." entre otras cosas. Claro que comentarios de la misma ralea provenían del grupito rodeando al relamido Núñez, alabándolo por su supremo criterio y despotricando en contra del neurólogo. Hipócritamente pidió mesurado la palabra y empezó a recitar:
- Yo simplemente estaba diciendo, que es muy fácil que un paciente se porte como un santo ante uno. Están diciendo que esta muchacha tiene hábitos completamente limpios, pero, ¿quién no te asegura que en cualquier esquina se esté inhalando cualquier porquería comprada o hasta truequeada con sexo? Estos muchachos de ahora están completamente podridos, no como en mi época... Estoy seguro que esa chica debe venir de esos conventillos, quintos patios sin Dios ni ley. Ni a misa han de ir...
- ¡Ya sacaste la santurronada otra vez, Enrique! - gritó alguien por allá lo que provocó otra risotada.

- Pido la palabra, doctor Fernández - habló respetuosamente el psiquiatra Ordóñez. Fernández le hizo un gesto con la mano para que procediera.
- Todos hablan aquí de causas orgánicas, pero no hay que olvidarse que el entorno y la formación familiar deja mucho qué hablar sobre la psiquis de una persona. ¿Quién me puede asegurar que la relación de esta criatura con su madre o padre no sea perfecta? Muchas veces casos de abuso familiar han sido sobrellevados mediante la creación de submundos mentales, de escapismos, de quimeras que los pacientes consideran reales, dentro de su propia paranoia. ¿Qué dice el caso sobre su relación de entorno social-familiar, doctor Quiroga?

Tras medio minuto de rebuscar en el largo texto, el residente logró encontrar el párrafo que buscaba:
- No indica la paciente antecedentes de disturbios familiares, alcoholismo paterno o materno, violencia física, verbal o sexual. Su desempeño intelectual y capacidad social están dentro de los rangos de la normalidad.

- ¡Yo propongo que sometamos a aislamiento completo a la paciente e iniciemos un tratamiento profiláctico a base de carbamacepina! Está clarísimo que es un típico desorden maníaco-depresivo con tendencia a la alucinación. - Sentenció Ordóñez.
- No, no, así no sacas nada. Opino que lo mejor es realizar una craneotomía en el área frontal y temporal izquierda que es donde está la función de conducta y revisar alguna alteración, de pronto una neovascularización que esté explicando el trastorno de esta muchacha. - Dijo muy seguro Vidal.
- ¡Estás loco Chucho! ¿Abrirle el cráneo para buscar algo que no existe? ¡Esa mangaja se ha de pasar triquéandose día y noche! ¿De qué universidad vienes, ah? - Masculló Núñez. Esta vez sí la contestación fue inmediata y provocativa. Las amenazas y los insultos iban y venían de uno y otro lado como obuses en guerra. La mano arrugada de Fernández golpeaba iracunda hasta sentir dolor el timbre. Aunque inútil...
- ¡Doctores, por Dios, ¡punto de orden! ¡Punto de orden o suspendo la junta! ¡PUNTO DE ORDEN...!!

Sala de Pediatría, habitación 106.
Una jovencita de cabellos negros y vivaces ojos verde claro estaba tendida sobre su cama. Sobre ella, dos muñecas de trapo sostenían una lucha en el aire sin que cayera ninguna. Al rato la niña hizo un gesto de hastío y ambas muñecas cayeron inertes. Alzó la mano y un cartón de jugo de mango vació su contenido sobre un vaso de cristal que luego voló a ella quien bebió sin muchas ganas. Empezó a caminar, levantando gotas multicolores con cada paso que daba. Estaba aburrida.
De pronto volteó la vista mostrando una gran sonrisa. Habían arribado sus amigos. Sus instructores.

- Hola, cariño - resonó en la mente de ella la suave voz del ser luminoso parado en su ventana. - Veo que tus progresos siguen siendo agigantados. Hoy te vamos a enseñar algo nuevo. La "sublimación corporal", que te permitirá disolverte en el aire y rematerializarte en el lugar que desees.
- Me parece excelente - respondió la niña, con los ojos brillando del deseo de aprender - Ya estaba harta de esta estúpida celda...
Se sentaron en posición de loto, una enfrente de la otra. Cerraron los ojos, y la lección dio inicio.