sábado, 20 de septiembre de 2008

Silueta negra


Estoy nadando.
Nado entre sonidos, claros unos, guturales otros, todos batidos, entretejidos, peleados entre sí. Entiendo y no entiendo, noto y no noto, distingo (..pierta) y no distingo (..despierta), es un torbellino, un vórtice nebuloso (...levántate por favor) que ya, ya.. se va enlenteciendo, calmando (..no tenemos tiempo, arriba!) y forma mi pensamiento consciente (¡¡LEVÁNTATE!!).
Abro los ojos.
Seis rostros están formando un círculo en mi campo de vista, alineados perfectamente en un hexágono. Sudorosos, polvorientos, ansiosos.
- ¿Quiénes son?
- Nos presentaremos luego, lo importante es saber por qué estamos aquí.
Las cabezas se apartan sincrónicamente mostrándome un paisaje ocre, rojizo, muriendo en azul. El atardecer de un mar de tierra, piedras y arena, con espuma verde cenizo de hojarascas, pastura basta y cactos despuntando. El sol besa el horizonte anunciando el fin de un día y quién sabe qué otras cosas más (el primero exitoso) y ese susurro me perfora la cabeza. Gimo y me la agarro.
En vez de preguntarme si estoy bien, me agarran los brazos y me obligan a trotar. A caminar de prisa. ¿De qué? No sé.
- Hay que apurarnos. Dentro de nada se hará de noche y debemos buscar refugio. Aprisa! - me dice una de las dos chicas que integra el sexteto. Cuatro tipos con cara de haber recibido más de un latigazo de la vida y estas dos, como arrancadas de súbito de un tranquilo y sobrio escenario, mezclando confusión y apremio en sus ojos (comencemos).
Huelo el polvo levantado por nuestras rápidas pisadas buscando un lugar seguro que no desea aparecer. El GRRRAAAAAAHH tremendo y brutal nos detiene y nos damos cuenta que ya somos seis. El séptimo yace boca abajo, (control sobre...)con un pozo en su espalda excavado en un parpadeo del cual mana abundante agua roja, espesa, caliente y restos de otros órganos. Una de las chicas suelta un vómito que absorbe rápidamente el seco suelo. Todos miramos a nuestro alrededor buscando causas y culpables. Nada.
(algo siempre presente y que no nos hemos dado cuenta nunca...)
Vuelve a sonar la voz. Menos dolor, más confusión. No presto atención al nuevo cadáver ni a los colores enrojecedores del cénit que anuncia la llegada de la noche. Queda el uno a alimentar al desierto, nosotros volmemos a apretar el paso. ¿Porqué, porqué, porqué? Oigo a alguien, no hay respuestas lógicas. Mi mareo se va, se va mi vacilación y se va volando la cabeza de la chica que me agarraba el brazo. Ahora sí siento el horror helado en mi estómago (una perspectiva nunca vista antes) que por un rato acalla las voces que resuenan en mi cráneo. No vi al atacante. No vi el arma que cortó la cabeza de cuajo de ella y paralizó nuevamente nuestros movimientos. Como si un viento afilado simplemente la hubiera atravesado (imaginen las posibilidades) a su completo antojo.
Esto ya no es una búsqueda de refugio, es una carrera contra algo que nos está matando uno a uno (con esto se logra el...), una cuenta regresiva y un acúmulo de voces girando a toda velocidad en mi cabeza que carecen de todo sentido y lógica.


¿ O no?
Noche cerrada ya, sin aliento todos, todos los tres pues dos más fueron eviscerados en nuestra loco correr sin detenernos ya a preocuparnos. Y el fornido moreno se me lanza encima y me aferra muy duro los hombros segregando odio y terror por sus pupilas (cuando toda luz se va, ¿sabes lo que ocurre con..?) y me ruge a la cara.
- ¡¡Tú!! ¡Tú tienes que saber algo, el porqué nos están masacrando como animales! ¡Quién es el causante!
Mi silencio ignorante lo enardece y vuelve a repetir histéricamente las preguntas una y otra vez mientras su mano me cruza el rostro, me golpea y la última chica intenta nuestra separación. No lo logra. Pero sí lo logra un tentáculo oscuro que surge por detrás del tipo, se introduce en su vientre, lo eleva por los aires, lo sacude y lo revienta contra el suelo rocoso de una salvaje sacudida (si el prototipo funciona, todo lo conocido por nosotros, se volverá obsoleto. Inútil). Ella, la pobre, cae sobre sus rodillas y empieza a reírse a carcajadas. Se quebró su cordura. Se murió su sanidad (sus capacidades de destrucción orgánica superan con creces a todo lo visto) y me mira con su mueca de diversión obscena y vacuedad de mente.

Ya no está. Se fue. Sorbiendo mi sangre que gotea de mi nariz me aproximo a ella, que incrementa el volumen de su risa, que traspasa su mirada paroxística a mi cuerpo y apunta a algo atrás de mí. Moriremos, moriremos todos susurra ella. Y vuelve a carcajear una dos tres veces y dos golpes la sacuden. Veo dos protruberancias como garras (todos tenemos la nuestra, somos huéspedes de ellos, viven de nuestra realidad física) surgiendo de la sombra que proyecto por el último residuo de sol ocultándose en la lejanía, que han perforado el pecho de ella y la desmiembran en un segundo.
Todas las piezas caen, se reagrupan.
(...cuando se va toda luz...¿qué ocurre con tu sombra?)
Comprendo.
(Completada simbiosis de entidad de sombra y huésped humano. Comenzando desconexión de consciencia de huésped en 10, 9, 8, 7, 6..)
Me había escapado. Logré escaparme. Sin saber lo que albergaba en mi interior. Un arma biológica de milicia, creado para poder luchar sin armas, ayudado con seres con los que hemos convivido sin saberlo por----
(Desconexión completa)