viernes, 28 de noviembre de 2008

Galaxia de Notas



Cuando ella se elevó a los cielos, todo estaba sumido en un pétreo silencio.
Lamentó la ausencia de sonidos, aún de ruidos, pues ellos, en su rudeza, guardaban vibraciones, experiencias, fragmentos de lo ocurrido.
Una agobiante tristeza embargó su ser, al alejarse más y más de ese planeta donde lo insustancial, lo no palpable, había sido expulsado en nombre de lo evidente y tangible. Ese lugar que algún tiempo atrás había considerado hogar.
Pero con la tristeza y las lágrimas, se iba formando un deseo. El deseo de formar. El deseo de crear.

Aspiró intensamente la materia oscura de la que estaba rodeada. Dentro de ella, ese acúmulo de negrura empezó a vibrar, a latir, a conjugarse con el cuerpo flotante en el espacio, hasta que fue de un golpe expelida por su garganta.
Empezó a cantar.

Al principio, la nota leve y cándida sólo pudieron ser captadas por sus oídos. Pero conforme soltaba nuevas notas, conforme aspiraba más materia oscura y la exhalaba convertida en vibrante canto, los pulsos de su melodía se abrían paso entre ese espeso silencio, perturbándolo pero al mismo tiempo armonizándolo.
Polvo estelar, brillante como destellos de gemas, se fue arremolinando alrededor de ella. Seguía al polvo estelar, fragmentos de hielo cósmico, errantes por el infinito que al percibir las vibraciones de tan bella melodía desviaron su monótono divagar y danzaron con alegría frenética derramando haces de luz robados de las estrellas cercanas.

Entre el luminoso espiral cuyo centro era la hermosa cantante, más y más cuerpos celestiales se sumaban a la danza circulante, elevando entre ellos mismos sus propias voces y complementando la sublime sinfonía creativa. Estrellas rugientes entonaban sus himnos barítonos. Soles chispeantes quemaban sus voces de contra bajos, quasares titilantes aportaban sus tenores, planetas y lunas hacían resonar sus sopranas letanías hasta que las notas se solidificaron y se conformó un gigantesco soporte espiral. Todos ellos, estrellas, planetas, vientos cósmicos, pulsares y quasares, cantaban al unísono de los compases de aquella mujer única y formaron una pulsante fuente de luz, música y vida.

Una nueva galaxia.
Ella cesó de cantar. Lo que buscaba había sido encontrado. Estaba satisfecha.
Era su nuevo hogar.

Este post está dedicado a una bella cantante, con quien me reencontré ayer.