domingo, 15 de febrero de 2009

En Tiwanaco. Misterios, ruinas y altitud bestial. Traveler, día 25.

Como ya les había comentado antes, ya había programado para el viernes y el sábado un par de excursiones a puntos claves Bolivianos. Estos servicios cuentan con la ventaja de tener convenios con algunos hostales, como el que yo estaba alojado. Y se comprometen a irte a buscar en el carro cuando salga del terminal para que tú no te gastes yendo hacia allá.
Para el viernes, pagé 50 pesos para el tour a Tihuanaco que era ida y vuelta. Hasta Tiwanaco desde la capital son 70 kms más o menos. Así que luego de despertarme temprano casi contra mi voluntad, pues había farreado hasta las 5 y media con los muchachos irlandeses, esperé un rato hasta que llegó el bus.
Primero fue subir a la ciudad de El Alto, una urbe relativamente nueva, que está en los topes lindantes con la Paz, ubicada a 4000 metros sobre el mar. Sólo digo que esa ciudad, con sus encantos, sus paisajes y todo, sería un infierno para cualquier hipertenso.
Tras andar una hora aproximadamente, hicimos una paradita en una loma donde podíamos ver grandes extensiones de altiplano y cadenas montañosas. Ese justo era un lugar para rezarle y ponerle sacrificios a la Pachamama. Luego de pedir unas bendiciones a la madre tierra, seguimos.
Pasamos también por Laja, un minúsculo pueblo con radical importancia histórica pues fue ahí donde se fundó por vez primera el proyecto de ciudad de La Paz, pero a los tres días, según supe, prefirieron mudarla a su actual ubicación.
Llegando a Tiwanaco, vi que era un pueblo reducido y elemental, que rodeaba su más importante núcleo. Las ruinas.
El primer paso era entrar al museo, para lo cual cancelamos 80 bolivianos, el tour incluía recorridos por los museos y las ruinas con explicación del guía.
El museo mostraba en primer lugar, mapas físicos y cronológicos de la cultura Tiwanacu, que había empezado 1400 años antes de cristo y se prolongó hasta 1200 D.C. cuando se disgregó y fue reemplazada por la cultura Incaica, quien a pesar de sólo durar 200 años hasta la llegada de los invasores españoles, formaron el poderosísimo imperio del Tawantinsuyo. Los T. tuvieron tres períodos principales, el aldeano o temprano, el principal y el imperial o tardío.
Estos tipos tenían importantes conocimientos de astronomía, arquitectura, ingeniería y más, lo que más de uno ha provocado la sospecha de que tales conocimientos podría tener origen extraterrestre. Ellos creían que tenían tres mundos. El superior o espiritual, de donde venían los dioses, representado por el Cóndor. El terrenal que era donde vivían, representado por el Puma y el inframundo, el de los muertos que esperaban volver tras reposar un tiempo, representado por la serpiente. Ahora bien, en todos los templos que he visto, se podía ver en los contonos de la puerta, algo como tres niveles de dintel que representaba justamente las tres entradas. Otra particularidad era que ellos tenían una importante representación del número 7 en casi todas sus estructuras, debido a que desde la Tierra se pueden ver 5 planetas más Sol y Luna. También por lo de los 7 centros energéticos del organismo, aparte de muchas otros hechos cósmicos que coinciden con el 7 (siete colores del arcoiris, siete mares, etc) este número es continuamente visto.
Otro animal muy respetado era la llama, o el... bueno, tiene su nombre en quichua, porque lo de "Llama" viene cuando los españoles vieron al camélido por vez primera se la pasaron diciendo "llama? Cómo llama?" Y como los incas en ese tiempo prefirieron no contradecirles... con llama se quedó. La llama representa la fertilidad, el trabajo y la riqueza. En las diversas vasijas y dibujos que vi, se veían también seres sobrenaturales, fusiones de los animales míticos con hombres. A destacar, el hombre puma, guerrero poderoso y campeón de batalla, el hombre cóndor, sacerdote y mensajero de dioses y el hombre llama, proveedor y traedor de fortuna.
Tras ver algunos cráneos con sus deformaciones, el cual se cree que se hacía para hacer diferenciaciones entre diversas etnias, y muchas herramientas de bronce o hueso de llama, vi retratos en barro de las personas que aparentemente formaban parte de los grupos sociales. Lo insólito es que algunas retrataban muy bien a hombres caucásicos, negroides y asiáticos. ¿Ya habían tenido contacto mucho antes de los españoles o sería que ellos viajaron y volvieron para retratarlos e inmortalizarlos? Ojo que estas cerámicas eran de por lo menos hace mil años.
Luego de ver las momias envueltas en mimbre y otras cosas, nos dimos el platazo fuerte. Ingresamos directo a las ruinas.
El Taita Inti pegaba durísimo, por lo cual tuve que usar mi gabardina como sombrilla mientras veía de un lado para otro y tomaba fotos a discreción.
Mi primera parada fue en la subida de la principal pirámide, que era usada como templo principal y morada de sacerdotes, al parecer. Se evidenciaba aún acueductos para no sólo drenar agua de lluvia y evitar el templo se encharque, sino que también brindaba agua corriente a todos los sectores del area. Y les aseguro que de estar bien constituidos, podría seguir funcionando. Uno se queda maravillado al ver las técnicas del uso de grapas de bronce fundido para juntar enormes bloques de piedra los cuales quedaban tan juntos que no se podía siquiera pasar un hilo por las junturas. Todo esto elaborado en basalto, arenisca roja o amarilla o granito. Y viendo las enormes moles de por lo menos 10 toneladas que apuntalaban las paredes era imposible no preguntarse cómo le hacían.
Luego vino el dato cabreante.
Apenas llegaron los españoles, empezaron a destrozar todas estas paredes lo que más pudieron para elaborar las "santas iglesias". Y así piedra por piedra se llevaron a pedazos parte de los templos. Lo poco que quedó están camellando ahora en volverlo a reconstruir aunque sin la exactitud o precisión de nuestros antepasados. Nuevamente la siempre destructora de culturas Iglesia Católica volvía a servirse con la cuchara grande y a pulverizar conocimientos bajo su esputo asqueroso de "satánico". Otra muestra indignante. Varios de los monolitos que mostraban guardianes de piedra o sacerdotes, cuyos cuerpos mismos eran calendarios cósmicos (se ven diversas representaciones no sólo de estrellas sino incluso de órbitas planetarias y puntuaciones de solsticios y equinoxios) fueron tallados sobre elementos claves de lectura, cruces, elementos cristianos y demás guevadas para "exorcisar las satánicas culturas". Su atrevimiento, el de estos curas hijos de puta, llegaba incluso a intentar decapitar o despedazar estas esculturas milenarias.
Claro que tampoco los tiempos postcoloniales fueron mucho mejores. El monolito más grande, casi 8 metros de alto y 20 toneladas fue llevado a La Paz y fue blanco de balazos, golpes y piedrazos en su estructura por parte de barras bravas cuando la colocaron en un estadio de fútbol. Linda la tontera. Y que las ruinas fueron ocupadas por diversos ejércitos usando las estructuras como tiro al blanco.
En fin, seguimos viendo, sobre todo el lugar principal de adoración y sacrificio cuyo último ritual ante el dios Sol, fue realizado hacía pocos días por el presidente Evo Morales antes de su referéndum. Como sí le salió...
Otra de las cosas realmente impresionantes fue también ver la propia puerta del sol, un monolito tallado en forma de portal donde en el centro se veía al propio dios sol apoyado en dos varas, con tocado y corona con un traje enterizo parecido a una licra. Rodeándolo se veían numerosas imágenes de hombres pájaro u hombres con trajes parecidos. Todos dispuestos matemáticamente con lo cual usando las fechas clave y la propia situación del templo con respecto a las estrellas, todo el templo funcionaba como una computadora y un calendario cósmico cuya exactitud le da tres vueltas al gregoriano.
Otro detallito muy atractivo era que algunas de las murallas tenían unos agujeros aparentemente irregulares, redondos, pero que si uno pegaba el oído se podía oír susurrar al guía a más de 30 metros. Un verdadero micrófono incaico.
Finalmente llegamos a una representación del inframundo, una especie de piscina cuadrada en cuyo centro estaban 3 o 4 monolitos en diversas posiciones y en las paredes se veía muchas cabezas de piedra de etnias diversas. El motivo era retratar a las tribus que al resistirse a ser absorbidas, eran pasadas a cuchillo.
Y bueno, ya era más de las 3 cuando entramos a un restaurante a comer (yo preferí no hacerlo, y bien que lo hice, pues pagar 25 bs por un caldo y un segundo, me parecía caro. Y los que comieron, me contaron que la comida no era la gran cosa) y justo cayó tremenda granizada. Tras escampar fuimos al nuevo museo donde se guardaba el monolito gigante que les hablaba. Tras salir y observar los souvenires que los lugareños ofrecían, regresamos.
Fue una aventura francamente tremenda. Y eso que falta lo de Copacabana y el Titicaca, al día siguiente.
Ya mismo salgo de Bolivia hasta llegar a Arequipa, o de pronto me voy de una a Lima. Ahí veré.
Nos vemos!








Qué bueno que finalmente pude subir fotos... tengo más de 100 de este lugar, y todas son importantes. Disfruten!