viernes, 20 de febrero de 2009

FIN. Traveler, día 30.

Nota: Pista de sonido para escuchar mientras se lee la nota. Lástima que no se pueda cargar el video directo.
http://www.youtube.com/watch?v=qUPRl3rELg0

Me he demorado en publicar nuevamente por razones que luego especifico.
En fin, luego de la gran aventura de Copacabana, regresé a las 22:00 y disfruté un rato de una fiesta antivalentín con cuero y todo.
Al día siguiente me despedí afectuosamente de los que pude, y emprendí rumbo hacia el terminal de buses para ver si conseguía temprano bus hacia Puno o Arequipa si era posible. Lamentablemente el bus saldría en poco rato así que chao posibilidad de irme a recorrer el sur de La Paz, que, según me habían contado, era el sector más aniñado de la ciudad.
En fin, abordé el bus el cual seguiría nuevamente la ruta a Copacabana, por tanto tuve chance de volver a tan bello lugar, aunque momentáneamente. Me fui despidiendo de una ciudad tan subestimada a veces, pero que guarda encantos y tesoros culturales invalorables para todo el que la visite. Hasta la otra, La Paz...
Al llegar a Copacabana, anduve un rato buscando mi bus de relevo mas lo que encontré fue un taxi ruta que me hizo cruzar la frontera, en un pueblo a 8 kms del anterior, donde salí legal de Bolivia y entré legal a Perú igualmente. Luego que cambié mis dólares a soles (ni cagando volvía a repetir la bobería de Paraguay a Bolivia) y revisaran mi pasaje, tomé un bus hasta Puno, y en el camino me hice pana de unos guachos argentinos bien buena onda, ahí estuvimos tomando el Fernel (un elixir amargo de hierbas que se bebe con cola) y cagandonos de risa. Muy buenos datos los pibes. Como ellos iban para Cuzco, nos despedimos en el terminal de Puno y comenzó lo que sería el PEOR viaje de toda mi travesía.
Puno, de lo poco que pude ver, era una urbe a las riberas del Titicaca, grandecita realmente. Su población étnica consta básicamente de indígenas, los cuales usan mucho la abrigadora lana de alpaca entre sus vestimentas, y no es de extrañar, por la altura. Entonces me dieron mi ticket de entrada y vi el típico bus de dos pisos. Pero para mi mala suerte, habían hecho con el bus lo que muchos sabidos hacen. Acortar la distancia entre asientos para meter una o dos filas más. Maldita sea, y me había tocado justo en la parte más apretada. Por suerte una indígena me ofreció una manta de lana al verme vestido sólo con mi camiseta. Yo acepté de buena gana, pero al rato vino el truquito del enganche. Creo que fue la misma u otra doña, pero me pidió que le "lleve este paquetito hasta cruzar tal pueblito...", y me tendió un paquete medio sospechoso envuelto en plástico. Ya estaba curado contra estas movidas así que le pregunté que si el pueblo era como una aduana, a lo que me respondió que sí. Le puse el paquete de vuelta. Nada de contrabando conmigo. Esperaba que en retaliación la mujer me quitara la manta. Afortunadamente no pasó así. Aun con la manta encima, al pasar la medianoche, experimenté un frío punzante y violento. Mi espalda era la que más sufría el embate helado. Por tanto de dormir, casi nada. Eso unido al hecho que el condenado bus hizo como tres paradas de hasta hora menos cuarto, sin explicación alguna. Se me vinieron todas las teorías posibles. El tipo estaba ebrio y paraba para recobrar conciencia o peor, seguir chupando; que estaban complotando para que subiera un grupo armado y nos pele; que el carro se había dañado y lo siguiente que oiríamos del chofer sería que habría que esperar hasta la mañana para otro bus...
Así que entre guevadas como ésa, dieron las 5 y media y llegamos a la ciudad blanca de Arequipa, que lamentablemente, de blanca ya casi no tiene nada, gracias al calentamiento global. Gracias nuevamente, tío Bush...
Mi carro para Lima salía golpe de 20:30, cosa que me di tiempo para recorrer esta ciudad. Tras recorrer un largo trecho mientras disfrutaba del montañoso y árido paisaje, que aún conservaba en sus cimas algo de nieve (y veremos por cuánto tiempo más) llegué al principal atractivo del lugar, su centro histórico. Mientras me llenaba los ojos con toda esa arquitectura colonial, sobre todo con la majestuosa catedral que tienen, pregunté dónde quedaba el mercado para echarme algo a la barriguita.
Fue llegar y entrar a un puesto para ordenar un plato de "adobo" que es una chuleta de chancho guisada en una salsa roja con mucha cebolla picada. Se sirve con pan crujiente y una taza de té. Rico. Siguió a eso un plato de seco de cordero, sin desperdicio. Bajé al área del mercado en sí y me tiré una copa de "surtido" que es un licuado de diversas frutas en agua y rematé con una copa de leche coagulada y endulzada con miel de caña. Bien tanqueado ahora, me puse a revisar detalles de lo que se vendía en este mercado. Muy parecido a los nuestros, salvando ciertos detalles. Un ejemplo era la cantidad de maíz negro en venta, cuyo consumo es muy cotidiano, tomando como ejemplo la siempre refrescante chicha morada. Eso junto a las papas en todas sus variedades, formaban parte vital de la dieta de los lugareños. Aparte, quesos, frutas típicas y cosas así. Andando andando, me llamó la atención un cartel colocado casi al final que me dio una impresión muy freak. "JUGO DE RANA PARA EL CEREBRO Y LA MEMORIA".
Se las hago corta y si son asquientos, mejor sáltense esta parte.
El par de puestos que vi, usan ranitas, de esas de charco, para su "elixir". Unos animalitos que no sobrepasan los 7 cm. El precio mínimo era 5 soles con dos ranas, llegando hasta 5 ranas por 10 o 12 soles. Pedí el básico por curiosidad más que nada.
Luego de escoger a las dos ranitas para ser sacrificadas, la mujer que atendía la tomó por las patas traseras y la azotó sobre un borde duro para matarlas. Con rápidos movimientos, la despellejó, destripó y lavó mostrándome un animalito como de disección, y luego las echó a una cacerolita con agua hirviendo donde pude ver sus últimos movimientos.
Mientras las ranitas se escaldaban, en un vaso de licuadora la doña echaba un huevo de codorniz entero y crudo, maca (la harina de una raíz o algo, muy alimenticia al parecer), harina de quinua, harina de coca, algarrobina, polen y miel de abeja. Finalmente echó las ranitas con su caldo y echó a andar la licuadora. Cirnió el batido y me pasó la copa. ¿Que a qué chu sabía? Pues les diré que todas las otras notas que le echó al licuado disfrazaron por completo dicho menjurje dándole un sabor como a budín pero con regusto picante.
Bien, ya con tanta cosa encima, empecé nuevamente a caminar y a recorrer lo que más pude el centro histórico de Arequipa.
No sólo los edificios antiguos tenían bajo y altorrelieves de estilo colonial, sino también bancos o hasta centros comerciales. Como ya era costumbre, tomé abundancia de fotos.
Ya cuando empezó a caer el sol y refrescar, merendé un tallarín chaufa decentito (cabe destacar que en Perú tienen muy incorporada la cocina china a su estilo criollo por eso ustedes encontrarán menúes chifa en la mayoría de restaurantes) compré una botella de Pisco para los borrachos amigos y me encaminé al terminal (o terrapuerto). Me trepé al bus, tomé la merienda incluida y me eché a dormir. Estaba agotado puesto que la noche anterior no había dormido casi nada.
Desperté llegando ya a Lima, pero con la mala novedad que el acondicionador de aire no funkaba, cosa que convirtió el bus en un puto termo. Y lo peor era que o la azafata no entendía que la escotilla debía ponerla en ángulo saliente al exterior o si algún pasajero cagón seguía sintiendo frío y no quería aire circulante (ese tipo de mmv nunca falta en los viajes, así sea a tierra caliente, que llora por el viento de la ventana así haga 38º) el caso fue que llegamos a Lima chorreados de sudor. Le reclamé a la azafata que para la próxima vez, revisen bien los equipos, que un poco más y nos volvimos hayacas ahí dentro. Ella sólo se limitó a agachar la cabeza.
No hallé pasaje a Túmbez en Cruz del Sur, así que volví a acudir a Tepsa, donde sí encontré a las 15:15 (eran las 13:00 en ese momento) y como me cobró sólo 110 soles, me quedó lo suficiente para echarme una jamita. Fue una mezcla de arroz chaufa con ceviche peruano y calamar apanado. Todo regado con abundante chicha morada.
Tocó la hora y me subí al bus. Ahhh, mi ruta final de regreso. Con ella, empezé a recordar todos los momentos buenos y malos que había tenido en mi viaje. Casi todos fueron buenos, salvo dos o tres detalles que intentaron amargarme el viaje y no lo lograron.
Cuando finalmente llegué a Túmbez, me di cuenta que mi morral ya pesaba 20 kg, por la cantidad de cosas compradas (bueno no muchas pero sí pesadas) así que era un poco jodido echármela al hombro. El cruce hasta la frontera, sellar mi salida legal de Perú, la entrada a mi país legalmente y comunicarme con los seres queridos (familia y otra persona) dio el punto final legal a esta jornada de un mes entero.
Me dirigí a Machala, puesto que unas adoradas damitas me tenían preparada una recepción, y aunque el viaje duró un poco más de dos horas y de pie, llegué a Machala para degustar un delicioso arroz con cangrejo y dos más enteritos. ¡Gracias mis damitas adoradas!
Así que tras despedirme, junté mis ya menguantes energías para hacer un solo saltote desde Machala hasta Portoviejo. Ahí fue donde me vi con mi familia, mis sobrinitos, le di su regalo de cumple al mayor (los chochos y las moneditas que fui juntando en mi viaje, amén de los mapas, todos en un tarjetero) y a la menor su conejito de chocolate, que lamentablemente había mutado a una trenza deforme por el calor.
Para mi buena suerte me dio una feroz gastroenteritis en mi casa(e insisto, BUENA SUERTE, porque de haberme dado tal cuadro en pleno viaje, me habrían dejado en mitad del camino, enfermo, sucio y CHIRO) que algo que comí lo debió provocar. Mi organismo supo aguantarse hasta estar seguro en mi refugio para soltar sus males.
El caso, fue que por el deseo de volver a Quito para ver mi depa y en qué estado me lo había dejado cierto arlequín pana mío y para ir a la reunión de bloggers de Ambato Loco, el sábado me fui hacia Guayaquil y luego tomé la ruta Bucay-Pallatanga-Ambato-Quito luego de toparme con la simpática y alegre Hada aunque sea por cuarto de hora. Tras un largo y accidentado viaje, fui recibido en mi casita por el que había dejado encargado de mi madriguera, conversamos, nos fuimos un poco de GH y finalmente, en mi cama, bien bañado y fresco, di por terminado mi viaje.
THE END
Ahora que voy más despacio, estoy nuevamente enrumbando mi vida y luego de recibir ciertas puñaladas traperas y traseras tras mi regreso, sólo deseo agradecerles a todos ustedes que me han leído y visto en todo este viaje.
Muchos me dijeron que viajaba solo, pero no era verdad. Todos y cada uno de ustedes me acompañaron en este viaje. Viajaron a mi lado, aunque sea en modo espiritual. Las vivencias, las fotos, las cosas buenas y malas, sé que también las compartieron más que sea un poquito. Por eso, a mis amadas lectoras y mis estimados lectores, les doy mi más sincero agradecimiento, que se mantengan visitando y les diré que mi próxima meta, será...
EUROPA.


I am finally at home...a lone wolf coming back...