jueves, 12 de febrero de 2009

Mercados, artesanías y adivinaciones. Traveler, día 23.

Pues para mala suerte de la gente, con la lentitud de la señal, se me hace casi imposible publicar las fotos, por lo tanto, cuando esté en Perú (en unos tres días más) iré subiendo las fotos para que vayan viendo.
En fin...
El hostal donde me estoy hospedando se llama Wild Rover Hostel, que tiene un ambiente muy irlandés. Hoy no dormimos muy bien los de mi cuarto dado que una parejita sueca se les ocurrió sacarse los trapos sucios en plena madrugada. Los otros de la habitación dormían como marmotas pero yo, ya acostumbrado al sueño leve, salté de una al oír la discusión en sueco. No entendí una mierda.
Ayer había ido a los cines cercanos al palacio de Gobierno, los cuales seguían el tradicional método de la función continua, en otras palabras, por un solo boleto, puedes ver tres pelis seguidas. Vi BOLT, la ultima de Pixar Disney, bastante amena, Cuarentena, una de terror, pero fue tipo sustazo, todo BOO! y cosas así. Predecible. Luego vino El dia que la tierra se detuvo, pero ya la vi, así que me fui de vuelta al hostel.
Tras ducharme y desayunar, me metí de lleno en la caminadera para llegar al terminal de buses y programar una salida a Tinawaco y a Copacabana. Los carros para estos lugares salían desde las 8:00 pero con la ventaja que tenían convenios con hostales para ir a recoger a los pasajeros. Así que mañana salgo a Tinawaco y pasado a Copacabana. Y creo que de ahí, parto hacia Puno y de ahí a Cuzco o Lima, dependiendo de la situación.
Tras eso me metí en un conglomerado de museos municipales donde se explicaba gran parte de la historia boliviana, incluyendo la guerra del pacífico donde perdió su salida al mar. De hecho, los tres países involucrados salieron perdiendo. Perú, Chile y Bolivia. También tenía los museos precolombinos y los de metales preciosos. Da gusto ver cómo se trabajaba el oro, y coraje al ver cómo los invasores españoles (al mando como siempre de la Iglesia Católica) explotaron al máximo estas tierras en busca de estos metales.
De ahí me metí a buscar el area mas popular de los mercados de La Paz, cercano a la Garita Lima, en un lugar bastante elevado. Lo hice para buscar también un elixir especial para un amigo, pero luego de que me dijera que no creía mucho en lo alternativo, desistí. (Puf, me ahorré como 180 pesos). El caso es que tal como en las bahías, uno encuentra diversa mercadería en calidad y precios. Obviamente los precios son bastante bajos. No andaba con ánimo de shopping (de hecho, nunca estoy) así que sólo compré unas cosas para probar. Mueleo.
Por ejemplo, destacan las nueces del brasil, grandes, sabrosas y baratas, sólo que aquí les dicen almendras. Eso y otras cosillas, cuando se suelta tremenda lluvia con granizo que aquí le llaman, con razón, mazamorra. Luego que escampó, volví al museo de la coca a comprar el licor artesanal (bueno, ese lo compré en otro lado, más barato) y más caramelitos verdes. Ahora sí voy cargado.
Finalmente busqué a algún adivino que me hiciera la adivinación de las hojas de coca. El método consiste en que el brujo te pide un par de nombres, uno o dos de personas influyentes y tu fecha de nacimiento con tu signo. Luego coloca tres hojas equidistantes, pide que soples, sopla él sobre las hojas, susurra algo en quichua y hace tres tiradas. Para el pasado, el presente y el futuro. Muy interesante y atractivo (¿cómo se habrá enterado el tipo que yo voy a...? Na, no les digo).
Esperen la crónica de Tinawaco!