miércoles, 8 de abril de 2009

Lamento Blanco, Risa negra (Parte 2)




María abrió los ojos lentamente, estimulada por los resplandores matinales.
Definitivamente, esa cama era una parcela de cielo sobre la tierra. No sólo era cómoda, sino que le proporcionó un sueño fresco y profundo, sin importar qué tanto se arrebujase entre los edredones. Tibieza sin llegar al sofoco y el mullido colchón que mantenía firmeza. Con razón al colocar la cabeza en la almohada, en cinco minutos se había desconectado.
Se calzó las sandalias y mientras se estiraba, desperezándose, se dirigió al baño. Luego de una ducha larga, se vistió y maquilló. La temperatura del agua estaba deliciosa, lo suficiente para espabilarla. Aún guardaba algo de pan, mermelada y leche así que empezó a untar la jalea de naranja en un par de enrrollados partidos a la mitad.
Fue cuando recordó la noche pasada.

El ojo, enorme, oscuro, desorbitado. Que había invadido el fondo de pantalla de su laptop al encenderla. Y esa frase. Susurrada, proveniente de las penumbras. "Por fin has llegado". Luego de haber observado atónita ese singular motivo en su laptop, pensó lo más lógico. Un virus. Algún estúpido virus, quizá filtrado por el msn u otro lado, le vino a jugar esa mala pasada. Hasta de pronto podía venir con algún archivo de sonido incluido para lo del susurro, aunque estaba segura que las palabras no vinieron de los parlantes de la lap. Ahora los virus se metían hasta por el Hi5 o el twitter. Sí, era lo más probable. Cambió el fondo por el que estaba deseando ver, el de los murciélagos.
Sonrió afortunada cuando vio que la señal de internet era buena, aunque un poco lenta. El proveedor no le había mentido. Así que dejó sus actualizaciones, revisó un par de blogs y chateó un poco con su novio y un par de amigas. Muchas palabras de felicitación, declaraciones de sana envidia y algo de propuestas picantes fue leyendo en las siguientes dos horas, hasta que el sueño la empezo a vencer.
Primer día en el trabajo.
No pudo evitar sobrecogerse de emoción cuando el director la presentó al alumnado luego del saludo a la bandera del lunes. Ese montón de caritas iluminadas con sonrisas, era una de las causas por las que tanto amaba la educación.
Le tocó empezar con primer y segundo grado. Para ellos, lo más elemental, las vocales y los saludos. Al salir al recreo, fijó su vista en un juego que realizaban los niños. Dos niñas y un niño estaban tomados de las manos y girando lentamente, mientras una ronda cantaba a su alrededor...
Uno, dos, tres,
lo que estuvo roto,
se unirá otra vez.
Uno, dos, tres,
será el alboroto,
sin cabeza ni pies.
Uno, dos, tres...

Con cada nueva estrofa, cambiaban los del centro, pero siempre eran dos niños y una niña. El juego atrajo su atención hasta que sonó el timbre del recreo. Los niños se dirigieron cada uno a sus clases.
Al terminar el día, María anduvo un rato comprando víveres para sus comidas posteriores. Entabló una conversación con la tendera y al poco rato charlaban como buenas amigas.
- La verdad, el nombre del pueblo es bastante peculiar. Reunión. - decía María.
- Bueno profesora, le cuento que nuestro pueblo a pesar de ser pequeñito y sencillo, tiene una gran antiguedad. Fue fundado hace más de trescientos años, y muy pocas cosas han cambiado desde entonces aquí, salvando pequeñeces como la electricidad, el teléfono y eso. - respondió la tendera.
- Mire usted, trescientos años, este pueblo debe estar repleto de tradiciones, ¿verdad?
- Si le contara, niña... tenemos todo tipo de historias para contar aquí; historias bonitas, historias trágicas, una que otra medio de miedo también, aunque tal vez esas fueran inventos para asustar a los niños malcriados.
- Las de miedo me dan curiosidad. ¿Se sabe alguna de ellas, señora?
- Le mentiría si le dijera que sí, niña. Una vez mi abuela me contó una hace tiempo tiempo, era niña todavía, y ya olvidé cómo iba. Pero de pronto... sabe qué, el papá del teniente político tiene como ochenta años y sabe muchos de los cuentos antiguos de aquí. De pronto un día va y le pregunta.
- Algún día iré a conocerlo. Seguro que ese señor tendrá bastante que decirme.
- Ahorita me vino un detalle de los que me contaba mi abuela. Era algo de un nombre muy antiguo, algo que ver con la ciudad... déjeme ver cómo iba...
- Bueno mija no le canso más, me regreso a mi casa. Buenas tardes.
- Hasta mañana!
Conforme ascendía la cuesta hacia su casa, María vio un resplandor extraño proveniente de la sala de la casa. Extrañada, apretó el paso, pues no había dejado ni una luz encendida al momento de salir por la mañana. Cuando abrió la puerta, lo que vio le hizo ahogar un grito al tiempo que la bolsa de su comida caía al piso.

Tres velas muy juntas estaban encendidas en toda la mitad de la sala, ardiendo simultáneamente formando una sola llama de la cual salía un oscuro humo que daba una tonalidad mate a los focos de la sala. No había señal de forzamientos de cerradura ni vidrios rotos. Era como si alguien hubiera estado ya dentro de su casa, y hubiera realizado ese acto.