jueves, 24 de marzo de 2011

Spirits Dreams Inside

Son las ocho con cuarenta y cinco y Priotr observó azorado una persona exacta a él lanzársele encima. Apenas logró distinguir los ojos de un carmesí intenso y la piel ceniza, que marcaban las únicas diferencias, antes de que su doble terminó de obliterar su respiración apretando con furia salvaje su tráquea. Los retorcimientos de agonía le impidieron escuchar al ruso los diversos alaridos y chillidos de todas las personas aledañas. Cuando Priotr expiró, su doble se levantó, exhaló un largo suspiro y se fue pudriendo y desmoronando hasta que sólo quedó un rastro de polvo negro.



Seung miraba horrorizada la cuna de su hijo de dos meses. Se había colado otro bebé quien a pesar de su corta edad estaba sobre el pequeño, intentando asfixiarlo con su cuerpo. El pequeño Chou berreaba contra el peso de su doble oscuro quien pretendía robarle el aire que respiraba colocándosele encima. Seung, con el instinto de madre furiosa, agarró a la criatura salida de quién sabe dónde y la lanzó contra el suelo. Saltaron los goznes y se abrió la puerta que había logrado cerrar, luego que una persona exacta a ella, acompañada de un igual a su marido, pero con la piel y los ojos totalmente opuestos en color; salieron literalmente de las sombras y procedieron a atacarlos. Seung había logrado quitarse a su atacante y subió a buscar a su primogénito, aunque para Kim, su esposo, no hubo tanta suerte. La copia de ella la miraba centelleando sus ojos enrojecidos. Seung se interpuso entre su hijo y la copia armada con lo único que pudo hallar. Un soporte de lámpara de metal. No sabía qué o porqué, pero protegería a su hijo hasta la muerte. Miles de gritos vecinos le advertían que el mismo horror se producía en todos lados.



Un cetro ensangrentado sobresalía del pecho del Papa, en el Vaticano, luego que un sombrío atacante, exacto en rostro y cuerpo al pontífice se abalanzara sobre éste y usase su propio cetro papal para ensartarlo. Luego que el corazón se detuvo, el espectro soltó un largo suspiro y se convirtió en podredumbre ante los ojos espantados de la guardia suiza, quienes mantenían una lucha a muerte contra versiones exactas de ellos. Completamente carentes de piedad u honor, en más de uno introdujeron repetidamente sus versiones de espadas negras hasta arrebatarles la vida. Y frente a los cadáveres fueron suspirando y corrompiendose en segundos.



Adelaida, Juana y Carmela eran las únicas sobrevivientes de una masacre producida en su pueblito cerca de Veracruz. Corrían entre hipos y llantos, tras ver a sus padres, maridos y cercanos ser yugulados sin piedad por unos seres igualitos a ellos pero con ojos de diablo. Todos creyeron que se trataba de una manifestación del demonio, fue por eso que casi nadie pudo ofrecer resistencia. Machetes, trinces y hoces lucían clavados en varias partes de los cuerpos de los campesinos. De los atacantes, ni el polvo ya. Las mujeres lograron llegar a un galpón abandonado y se ocultaron bajo montañas de paja seca, esperando que los relinchos de los caballos disimularan sus llantos y rezos fervientes. Pero se dieron cuenta que sus propias copias se acercaban directamente hacia ellas, como si las pudieran oler sin importar la oscuridad. Cada una enarbolando una herramienta filosa, se acercaron a toda velocidad sin conmoverse por los pedidos de piedad de las mujeres y cortaron, cercenaron y picaron hasta que no hubo más resistencia.



Stephen y Kevin, ambos boinas verdes del ejército estadounidense, acostumbrados ya al combate cuerpo a cuerpo, decidieron dar cara y pelear por sus vidas, dado que con estas criaturas no se podía razonar. Sus copias atacaron con sus mismas réplicas de cuchillos, encontrando un sólido contraataque. Las fuerzas estaban perfectamente parejas. Todas sus ventajas y desventajas estaban presentes. Kevin recordó que su rodilla izquierda estaba en tratamiento por una lesión en un ejercicio, por lo que hizo una finta y pateó la rodilla izquierda de su adversario. Este se inmovilizó por el dolor, cosa que aprovechó Kevin para inmovilizarlo y degollarlo con su cuchillo. Salió un líquido negro y untuoso y la copia cayó finalmente muerta. Animado por la victoria de su compañero, Stephen arremetió contra su rival quien había clavado el puñal en su costado pero aún no lograba extraerlo. Con algo de intestino asomando a través de la herida, el hombre clavó con toda su fuerza los pulgares en los ojos de su espectro reventándolos. Y en el tiempo en que la copia se llevó las manos a sus ojos con un aullido de agonía, Stephen en dos movimientos rápidos partió la tráquea y empujó el vómer nasal hacia el cerebro dando fin a su atacante. Los camaradas miraron con ojos como platos cómo los cadáveres en vez de pudrirse y desvanecerse se volvían como un vapor oscuro que se fundía con sus cuerpos. La tremenda herida de Stephen sanó de inmediato y ambos sintieron que sus fuerzas, reflejos y capacidades se redoblaban.



El mismo descubrimiento lo realizó Hiro, en Japón, tras casi por accidente derrotar al oscuro ser que pretendía asesinarlo. Cuando sintió sus fuerzas incrementadas en gran manera, buscó al resto de su familia y saltó sobre las copias de ellos para acabarlos. Con cada uno de ellos derrotado, sintió que se volvía más y más fuerte. Tras dejar a su familia a salvo, Hiro fue a buscar otros sobrevivientes.



Ajani, Jabarl y Elangeni se criaron juntos y crecieron cazando, corriendo y fortaleciéndose hasta llegar a ser los guerreros más fuertes de su tribu. Los anciano de la tribu los honraban comparando su velocidad como la de una gacela, su fuerza como la de un leopardo y su agilidad como la de los babuinos. Nunca habían tenido problemas realmente graves, hasta esa noche fatídica, donde salieron de la tierra al parecer, montones de majini que se llevaron la vida de más de uno de sus amigos y familiares. Lograron la mayoría salir corriendo de sus chozas y aglomerarse todos frente a la gran fogata central. Los tres guerreros, tras sacudirse de encima a sus propios majini alcanzaron sus lanzas y escudos y se pusieron por delante de cosanguíneos y amigos. Su máxima prueba había llegado. Tras una feroz lucha sus oponentes cayeron atravesados por sus lanzas. Supieron que realmente eran majini tras ver cómo los cadáveres se volatilizaban y eran absorbidos por los cuerpos de los guerreros. Al ver que los guerreros ahora ostentaban las habilidades de los animales comparados, y que incluso las superaban, los ancianos leyeron los hechos como una prueba de los dioses.



Patricio, en Ecuador fue otro de los que derrotó a los dobles asesinos. Sabiendo que lo mismo estaba pasando en todo el mundo, mandó un escueto pero intenso mensaje en su cuenta de Twitter: "¡¡PELEEN!! ¡¡PELEEN POR SU VIDA!! ¡¡NO SE DEJEN DERROTAR!!"

El mismo se fue difundiendo en todos los medios de comunicación posibles. Si aún estaban vivos, tenían la única opción de pelear o morir. No había razón o diálogo posible. Era su vida o la de esos extraños dopplergangers salidos de las sombras, enviados a atacar y matar únicamente a sus originales, por el modo que fuese.



De entre todas las ciudades, fueron saliendo algunos a ver el nuevo día. Más fuertes y capaces, pero muchos con lágrimas por perder a seres queridos. Fe y creencias quebradas por completo. Miles de preguntas sin respuestas ni lógicas ni consoladoras. En montones de lugares, el leve hedor de los cientos de miles de cuerpos entrando en descomposición fue el único saludo de los sobrevivientes.

Era el amanecer del 13 de Diciembre del 2012.