jueves, 17 de noviembre de 2011

En busca de un nuevo trono.

Rachel llegó tras una corta caminata a uno de los enormes árboles que guardaban los nísperos punta de flecha. Sólo con ver lo escarpado y frondoso de los árboles sintió temblar todo su interior. Nunca le había gustado las alturas, y este castigo que le impusieron le pareció excesivo. Se enojó con Ig-Drasil por abusivo, y con Nica, por traviesa y revoltosa. No era justo. Sr. Puño flotaba al lado suyo, pero poco era el ánimo que podía extraer de sus palabras de aliento.

- Pequeña princesa, no temáis. La empresa parecerá ardua y peligrosa, pero podréis conseguirla si usáis los recursos que a su tiempo os fueron otorgados.
- Pero es que tengo miedo de caerme… - respondió molesta la niña aferrando a Moogle. – no sé trepar ese árbol y si estoy allá arribota seguro me caigo…
- Os insisto: Usad los recursos que tenéis!

La pequeña al rato logró darse cuenta de las palabras de Puño. Miró a su peluche y lo lanzó al aire para que se transforme. Moogle refulgió, creció y cayó convertido en el tigre Byakko. Así que Rachel trepó al lomo del animal y le pidió que trepase hasta las copas más altas del árbol, que era donde se podía encontrar los frutos. La bestia rodeó un par de veces el tronco para calcular bien por dónde era el mejor lugar para ascender. La niña estaba bien aferrada al pelo del tigre, pero aún así casi cayó al momento en que el felino saltó, se aferró con sus garras a la corteza y empezó a trepar. La niña temblaba del miedo cuando vio aumentar la altura, así que cerró con fuerza los ojos. Sólo sentía el jadeo del animal y el sonido de las garras, y las palabras de consuelo de Puño era como si le llegaran de un kilómetro de distancia. Sólo pudo abrir los ojos de vuelta cuando notó que el animal nuevamente estaba horizontal. Pero tenía tanto miedo que no podía separarse de su tigre, peor bajarse a la rama a buscar los nísperos.

- Sr. Puño, por favor ¡ve tú y tráeme los nísperos! – Suplicó aterrorizada. Pero para su sorpresa, Puño elevó un índice y negó sólidamente.
- Me vais a detestar por ello, mi pequeña princesa, pero a vos le fue encomendada la tarea. Sois vos quien tiene que ir! Si voy yo Ig-Drasil sabrá que hicisteis trampa, y os redoblará el castigo!
- ¡PERO ES QUE NO PUEDO!! – Chilló casi llorando.
- ¡Sí podéis! Tenéis que confiar en vos misma! Mirad, Byakko tiene un sentido del equilibrio muy elevado; si camináis a su lado y no miráis abajo, llegaréis al lugar donde crecen los frutos. ¡Sé que podéis hacerlo!

En fin, tantos fueron los ruegos de Puño, que lentamente la ñina bajó del lomo y se posó en la gran rama donde el tigre se había posado. Soplaba un molesto viento, que exacerbaba su frío. No quería ver abajo, pero bastó un leve vistazo para casi desmayarse. Las extensiones de Parque Berrinche lucían como un juego de té para muñecas, de lo altos que estaban. El enorme felino rodeaba con su cola a la niña que caminaba, pasito a pasito, para calmarla un poco, pero su andar también era cansino, por alguna razón. Al final, llegaron a un punto donde las copas eran repletas de unos pequeños y delicados frutos en forma de cono. Rachel logró contar unos veinte por lo menos y se dijo para sí que si podía agarrarlos todos, podría terminar la misión y salirse de una vez de tan terrible tarea. Se aproximó lo más callada posible, pero justo cuando estaba a punto de aferrar uno de los frutos, uno de sus pies partió una ramita. Esto provocó que los tallos se pusieran súbitamente rectos, y los frutos apuntaron al cielo, y con un violento despegue, todos los nísperos de esa rama salieron desperdigados y se perdieron de vista. No quedó uno solo al alcance. Rachel miró desconsolada a Sr. Puño, quien sólo pudo asentir tristemente.

- Lo siento mucho, mi pequeña. Habréis de subir a otro árbol.


Nico bajaba lentamente el tieso camino teniendo que dar rodeos o saltar sobre muchas raíces retorcidas, a menudo ensuciándose el cabello con tierra que se desprendía ocasionalmente. Por un momento recordó a su mamá, pensando que de verlo en tal estado, no tardaría en recibir un furibundo sermón y ser metido sin demora en la ducha. Tal recuerdo no estuvo extento de melancolía y dolor, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para que no surgieran las lágrimas. Extrajo uno de los Besos de Mamá de su bolsillo y tras mirarlo un largo rato, se lo colocó en la frente. El efecto fue inmediato, sus temores y tristezas se esfumaron. Un poco más entusiasmado, pero sin dejar de pensar malgenio en su traviesa hermana, siguió bajando hasta que llegó a la entrada de una cueva. Estaba un poco oscuro, pero a través de algunos agujeros en el techo de la cueva se filtraba algo de luz solar, cosa que las sombras sinuosas abundaban por todo el lugar. El niño fue mirando a su alrededor sabiendo que había llegado a su destino. En la parte más lejana de la cueva, encontró unas escalinatas que ascendían hasta llegar a una construcción de piedra, la cual tenía en su cima una mano abierta. Descansaba en la palma un cazo de metal oscuro, el cual estaba lleno a rebosar de una pasta brillante. Sólo podía ser la mencionada Plastiluna.

Cosa que en pocos minutos Nico llegó corriendo a la cima de las escalinatas, trepó la mano y se asomó al cazo. Era más grande de lo que pensaba, con un diámetro como una cama redonda y apenas un poco más baja que el propio niño. Sacó pues una bolsa que le había entregado Ig-Drasil un poco antes de enviarlo a la misión y lo llenó hasta donde pudo de Plastiluna, para luego cerrarlo y ponérselo como mochila en los hombros. Bajó las escaleras, sorprendido de lo fácil de su empresa. Esperaba que así como tuvo éxito, su prima también…

- ¡Te había dicho que a mí me tocaba el helado de café y malvavisco pero aún así te lo comiste todo, Tremor!
- ¿Acaso tenía tu nombre escrito, Sismo? ¡Y que yo sepa, antes te habías comido los cuatro alfajores de chocolate y banano y no me dejaste una migajita!

La acalorada discusión se venía oyendo un poco más arriba del sendero que llegaba a la entrada de la cueva. Nico paró en seco al recordar la advertencia del sabio árbol. El tesoro Plastiluna estaba guardada por dos custodios. Y precisamente ya estaban ellos cruzando la entrada cuando se vieron cara a cara. Los hermanos Tremor y Sismo. Dos robustos gemelos vestidos con armaduras hechas de corteza de árbol y placas minerales. Ambos pelirrojos y salpicados de pecas, solo en una cosa diferían. Mientras que Tremor vestía unos guanteletes de roca sólida que hacían lucir sus manos descomunales, Sismo portaba en cambio gruesas botas de granito. Ambos gemelos miraron alternativamente a Nico y luego a ellos mismos. Terminaron por fruncir el ceño simultáneamente y señalarse mutuamente.

- ¡Un intruso! ¡Mira Tremor, dejaste entrar un intruso, tonto!
- ¡Tú fuiste el de la idea de salir los dos juntos a buscar comida, bobo!
- ¡Fue tu culpa!
- ¡No, fue tu culpa! – Tan acalorada era la discusión de los gemelos que Nico se empezó a deslizar fuera del alcance de los dos hermanos para poder salir a la brevedad, pero lo detuvo un súbito temblor de tierra y se asustó al ver a los custodios mirándolo con rostro de furia.
- ¿QUIÉN TE DIO PERMISO DE COGER PLASTILUNA? – Gritaron ambos al unísono.
- …me la pidió Ig-Drasil… - logró articular en respuesta.
- ¡¡MENTIROSO!! – rugieron furiosos ambos. - ¡Eres un ladrón y nosotros castigamos duro a los ladrones!

Y dando acción a la palabra, cada uno lanzó un ataque. Tremor dio un puñetazo al suelo y Sismo pisoteó con fuerza. De cada uno salió una serie de ondas que oscilaron el piso donde Nico estaba, haciéndolo caer varias veces y golpeándolo. Sobándose los golpes el niño blandió a Batafónico. Los pelirrojos lo miraron sorprendidos y luego lo hicieron entre sí.

- Mira Sismo, el ladrón quiere pelear.
- Parece que vamos a jugar a los tiempos, Tremor.
Ese breve tiempo lo aprovechó Nico para contraatacar. Cada gemelo recibió un golpe de bat en la cabeza y en cada uno se dibujó una X que sellaba sus bocas. El pequeño sonrió confiado al ver a sus adversarios moviendo sus bocas, pero quedó boquiabierto al ver la facilidad con que Tremor se sacó la X y luego hizo lo propio con su hermano.
- Este truco no va a servir con nosotros, ladrón. – dijo Tremor.
- Y ese golpe de bate apenas nos dolió. Vas a tener que hacer mucho más para vencernos. – rió Sismo.

Estos oponentes eran mucho más duros de lo que parecían.


Otro árbol enorme había sido escalado, nuevamente la empresa había fracasado, esta vez por un estornudo de Rachel que alertó a los nísperos quienes volvieron a salir desperdigados para no ser vistos más. El miedo a la altura se había vuelto terror y la pequeña ya estaba casi completamente renuente a subir a otro árbol, que según la vista de la niña era el más alto de todos.

- Tenéis que hacerlo, mi niña. Sólo vos podéis coger los frutos y entregarlo a Ig-Drasil para que renueve su trono. – suplicaba Puño a la llorosa pequeña. – Vamos, volved a montar en Byako…
- ¡Ya no quiero! ¡Ya no quiero subir más! ¡Voy a ir con Ig-Drasil y pedirle que me pida otra cosa! – sollozaba Rachel presa del miedo.
- ¡Vuestra petición será rechazada! ¡Ig-Drasil os dio esta tarea porque sabía que era la indicada para vos! ¡Pero os estáis dejando vencer por el miedo. No lo permitáis, mi princesa! ¡En vos reside la clave para el éxito!
- …!

La pequeña calló secándose sus lágrimas y volvió a mirar a su peluche convertido en tigre. Este lucía cansado. Miró nuevamente el gigantesco tronco. Allá, muy arriba, veía unos puntitos coloridos. Sus nísperos por coger. Que tan pronto llegaba a su cercanía el mínimo ruido los alertaba y salían desperdigados. Era un problema por resolver. ¿Cómo podría acercarse sin que salgan volando? ¿Cómo recogerlos todos en absoluto silencio? Intentó desesperadamente pensar en una solución, pero su miedo le impedía hallar la respuesta correcta. Volvió pues a trepar al lomo del tigre y le susurró al oído al tiempo que cerró los ojos con fuerza.

- Vamos, Byakko. Una vez más.

El felino trabajosamente empezó a trepar la rugosa corteza. Pero cuando Rachel calculaba que iban por medio camino, dos zarpas del tigre perdieron agarre y cimbró con fuerza el cuerpo del animal. Rachel no pudo evitar abrir los ojos y al ver que dos zarpas estaban en el aire y estando el suelo tan lejos, empezó a chillar presa del pánico. Con cada chillido, Byakko iba perdiendo más y más su fuerza. Sr. Puño se precipitó al lado de la niña que seguía gritando aterrorizada:
- ¡Mi pequeña! ¡Moggle reacciona con vuestro estado, y todo este miedo lo está debilitando en extremo! ¡Os pido, no, OS ORDENO que os calméis! ¡Caso contrario ambos terminaréis cayendo! ¡Controláos ahora mismo!

La niña no respondió. Seguía sintiendo mucho miedo y Byakko empezaba a iluminarse, señal de que iba a regresar a su forma original en breve. Sr. Puño siguió dando ánimo a Rachel desesperadamente.


Nico había ya tenido que usar el segundo beso de Mamá, pues los tremendos ataques combinados de los gemelos lo lastimaban bastante. Cada uno de ellos poseía no sólo un poder de ataque superior al de Nico, sino que cada vez que los atacaba, las protecciones de granito de manos y pies inutilizaban todo ataque. Y ambos combinados, eran simplemente abrumadores. Lo único que tenía Nico a su favor era su agilidad y la solidez de Batafónico, que resistía estoico puñetazos o patadas que lograban alcanzarlo. Pero los temblores de tierra ocasionados por los pelirrojos era un terrible problema, pues su balance decaía mucho y era presa fácil de un ataque propinado por cualquiera de sus oponentes. Con sus últimas fuerzas había logrado huir a toda prisa y ocultarse tras unas estalagmitas, mientras se aplicaba su segundo beso. Con las energías retornando y sus heridas curándose, el niño buscaba un método para poder derrotarlos, al tiempo que escuchaba sus discusiones iracundas.

- ¡Lo perdiste de vista, Tremor! Se perdió por tu culpa, bobo!
- ¡También fue tu culpa, tonto! Si no hubieras golpeado y levantado esa nube de polvo, no lo habríamos perdido!
- ¡Vamos a buscarlo de una vez!
- ¡Pero no podremos hallarlo entre tanta roca y estalagmita! Se nos puede escapar.
- No si usamos… TETRAMAGNITUD.
- ¡Tienes razón! Usaremos Tetramagnitud para hacer caer las rocas y que él sí o sí salga.
- Entonces… ¡en posición, hermano!
- ¡Muy bien! – El pelirrojo alzó la voz para que Nico lo escuche donde estuviera. - ¡Ahora verás nuestro mejor ataque, que no te dará chance ni a esconderte ni contraatacar! ¡Ahora, TETRAMAGNITUD!!

Nico vio a través de las hendiduras de las estalagmitas que lo escondían a Tremor subirse a caballito sobre Sismo y enlazar fuertemente sus piernas en la espalda de su hermano. Este sujetaba a Tremor enlazando sus brazos en su abdomen, con lo que ambos tomaron un aspecto de un solo niño, pero con todas sus extremidades cubiertas de piedra. En tal pose, activaron su ataque, empezando a hacer giros de volteretas, con lo que a cada momento puños y pies golpeaban el suelo, provocando terremotos más y más fuertes. Y lo peor, era que el avance de ambos hermanos era casi indetenible; toda roca o estalagmita simplemente se pulverizaba a su paso. Ya le era casi imposible mantener el pie con tanto temblor, cuando vio asustado que los gemelos lo habían descubierto y se dirigieron a toda velocidad a su escondrijo. Con un enorme estrépito, el conjunto de estalagmitas donde estaba oculto Nico se hizo escombros.


Rachel temblaba. No quería caer y lastimarse. Y estaba tan alto ya en ese árbol. Sería cuestión de poco tiempos antes que Moogle recuperase su forma original y la caída fuera inevitable. De repente, algo brilló en su manito. Era un beso de Mamá, el ítem restaurador por excelencia y que algunas veces había visto usar a sus primos cuando los acometía el cansancio y el dolor. Sin pensarlo dos veces se lo apretó en la frente con lo que por un momento su miedo se esfumó, y lo más importante, Byakko volvió a recuperar sus fuerzas. En un veloz galope, llegaron a la copa más alta, que ofrecía los nísperos maduros. Con un gran esfuerzo, Rachel lentamente fue dominando su miedo y empezó a pensar en un plan. Sr. Puño la felicitó calurosamente.

- Mi princesa, mil perdones si antes os tuve que gritar, pero la situación era desesperada. Corríais gran peligro de caer y lastimaros. Habría podido ayudaros en el peor de las situaciones, pero la misión habría fracasado. Esto es algo que tenéis que resolver por vos misma, mi pequeña.
- Es verdad. Si yo sola no lo hago, no será justo. Pero ya estoy más calmada, por ese beso que guardaba. Ahora, tengo que ver. Esos frutos se disparan ni bien sienten un ruido suavecito. Y es muy difícil acercarse sin ruido. A menos que…
La niña estuvo pensando montada en el lomo del tigre qué hacer. Cualquier ruido, por mínimo que fuese. El más mínimo. Así sea el partirse de una ramita. ¿Y si de pronto…?

Rachel se apeó de Byakko y le susurró al oído algo. El tigre asintió, y lentamente brilló para transformarse. Apareció su segunda forma, Ursus, el oso del gran alarido. Miraron la copa del árbol, donde había justo los quince nísperos. Y no se veían más frutos maduros en ningún otro árbol cercano. Era suerte o muerte.

Con la niña fuertemente abrazada a su pelaje y tapándose con una mano un oído, Ursus aspiró lo más hondo que pudo. Y dirigiéndose a los frutos punta de flecha, lanzó su más potente alarido. Sometidas a tan tremendo ruido, los nísperos se confundieron, y en vez de apuntar hacia el cielo, lo hicieron en sentido contrario, y se dispararon todas a la vez hacia el suelo. ¡Era justamente lo que había pronosticado Rachel!! Una enorme sonrisa se pintó en la niña mientras era envuelta en los elogios del Sr. Puño.

- ¡Cuán alegre estoy de vuestra decisión! Haber dominado su miedo a la altura, y haber trazado el plan de lanzar el rugido de Ursus para invertir el lanzamiento de los nísperos fue algo fabuloso! ¡Habéis completado vuestra misión exitosamente!
- Entonces como he completado mi misión… - empezó a decir Rachel.
- Decidme, mi pequeña…
- ¡BÁJAME DE ESTE ÁRBOL AHORA MISMO!! ¡ME MUERO DE MIEDO!! – Chilló nuevamente la pequeña. Sr. Puño rió y tomó a la niña en su palma. Ursus nuevamente mutó a Moogle y se dejó abrazar.

Sr. Puño fue descendiendo hasta tocar tierra. Ahí estaban los frutos, bien juntos, listos para ser recogidos. Rachel los tomó ufana y emprendió el retorno hasta la sala de Ig-Drasil.


Nico agradeció a su buena suerte que la onda sísmica lo lanzara unos segundos antes de que colapsara su escondite por el brutal ataque de Tremor y Sismo. Aún así salió bastante lastimado. A punto de romper a llorar, sacó su último beso y se curó. Ahora ya no podía dar largas ni escapar. Tenía que derrotar a los hermanos a como dé lugar. La rueda de Tetramagnitud se dirigió a él a toda velocidad, para aplastarlo como a un huevo. Nico en el último segundo se hizo a un lado de un salto y lanzó una estocada justo en el centro de la rueda. Los hermanos perdieron su agarre y rodaron por el suelo momentáneamente atontados. Se miraron y recriminaron mutuamente. Esto le dio tiempo para trazar un plan a Nico. No podía vencerlos solamente a batazos, ni tampoco podía resistir sus tremendos ataques, peor combinados. Tenía que poner algo de ellos en su propio beneficio. Su rostro se iluminó al ver las continuas discusiones entre ambos, así que se puso frente a ellos y los provocó.

- Oye Tremor, creo que me habrían ya vencido hace rato si no fuera por la torpeza de tu hermano, no?
- ¡Es cierto! – gritó Tremor. – ¡Este tonto tiene el cerebro en las patas!
- ¡Yo soy el que nací primero y el más inteligente de los dos, bobo! – contestó molesto Sismo.
- Deberían saber ya quién es el más fuerte… - sugirió mañoso Nico.
- ¡Soy yo! – Dijo Sismo.
- ¡No, soy YO! – Dijo Tremor.
- En ese caso, les propongo algo. Me voy a poner en medio de la cueva y ustedes lanzarán su ataque más fuerte contra mí. El que logre hacerme más daño será el más fuerte, y de paso, me habrán derrotado. ¿Qué dicen?
- ¡De acuerdo! – dijeron simultáneamente los gemelos.

Asi Nico estaba en el centro justo de la gran cueva, ahora casi plana tras los tremendos ataques combinados de los pelirrojos. En un extremo Tremor se frotaba los nudillos de piedra, seguro de ganar. En el otro extremo, Sismo daba saltitos rítmicos, relamiéndose sobre la posibilidad de que su hermano lo reconociera como el más fuerte. Los dos escucharon el llamado de Nico, quien alzó su bate sobre su cabeza y esperó con los ojos cerrados. Era la señal de partida. Cada uno se encarreró y preparó su mejor ataque para impactar al ladrón de la preciada Plastiluna.
Nico por su parte, estaba al máximo concentrado; si fallaba, tal vez no podría contarlo. Su oído izquierdo escuchaba los pasos del correr de Tremor, y su lado derecho sentía las vibraciones generadas por las botas de Sismo. En el último momento, los dos hermanos gritaron al unísono:

- ¡¡YO SOY MÁS FUERTE QUE MI HERMANO!!

En la última fracción de segundo antes que lo alcancen las botas y los guanteletes, Nico dio su más fuerte batazo al suelo, con lo que logró saltar un montón. Bajo él, los hermanos hicieron contacto, pero no con lo que esperaban. Una explosión y una nube de polvo cubrió momentáneamente la vista, que al dispersarse mostró a dos gemelos mirando sus extremidades con horror. Tanto los guanteletes de Tremor como las botas de Sismo se empezaron a fragmentar y quebrar. Las armas de los gemelos habían sido destruidas por su contrario y equivalente en fuerza.

- …mis guanteletes. – gemía Tremor.
- …mis botas. – mascullaba Sismo.
- ¡¡TÚ LAS ROMPISTE!! – Echaron a gritar ambos aferrándose con furia los hombros.

Pero la riña no duró ni un parpadeo, pues Nico cayó a darles el remate final. Un batazo para cada gemelo, quienes ya no tenían su tremenda defensa pétrea, bastó para ponerlos a llorar lastimeramente.
Nico había vencido a los hermanos Tremor y Sismo.

- Ig-Drasil nos va a retar bien duro… - sollozaban ambos.
- No. Yo voy a hablar con él para que no los regañe – les prometió Nico.
- ¿Entonces decías la verdad? ¿Era cierto que Ig-Drasil te había mandado por Plastiluna? – preguntó Sismo asombrado.
- ¡Eso les había dicho desde un principio y ustedes lo que hicieron fue atacarme! – respondió el niño con el cejo fruncido.
- ¿Viste, Tremor? ¡Tú siempre atacando sin pensar, bobo!
- ¡Tú eres el que no entiende razones, tonto!
- ¡No sirves para custodio, lelo!
- ¡Ni tú tampoco, baboso!
- Mejor me voy… - suspiró Nico dejando a los hermanos discutiendo bajo las raíces del gran árbol. Cargó nuevamente con su morral lleno de Plastiluna y se dirigió a la sala donde Ig-Drasil esperaba.


Tanto Rachel como Nico llegaron al mismo tiempo a la gran sala. Tras recibir las calurosas felicitaciones por parte de Sr. Puño; cada uno ofreció sus trofeos. El rostro arrugado del tronco sonrió afable.

- Mis felicitaciones, pequeños. Es hora, pues, de construir mi nuevo trono. Nico, separa en cuatro partes la Plastiluna. – El niño obedeció. – Toma tres partes y deposítalas en este crisol. – Frente a los niños había un enegrecido crisol de barro, en donde fue depositada la arcilla mágica. – Ahora Rachel, exprime catorce nísperos sobre Plastiluna. – La niña asimismo obedeció. Estrujó las frutas con lo que cayó un líquido ambarino y fragante sobre Plastiluna, la cual empezó a reaccionar y revolverse como una ameba.
- ¿Ya está? – Preguntó Rachel.
- Falta una última cosa. Necesito un poderoso fuego que sirva para cocer adecuadamente esta masa viva. – Los niños se encogieron de hombros, desolados ante la posibilidad de volver a pasar otra odisea. – Pero no teman, niños. Su parte ya ha sido realizada. La parte final se encargará su hermana y prima, quien también recibió una misión por mi parte.
Y de una de las puertas del aposento, emergió Nica. Completamente tranquila y como si hubiera madurado un poco más.
- Pequeña Nica, demuestra a los tuyos de lo que has sido capaz en este tiempo. – Resopló Ig-Drasil. – Niños, les pido que retrocedan bastante.
Al tiempo que los niños obedecían, vieron a Nica trazar un pentagrama pero de una forma diferente. En vez de dibujar las cinco líneas con Trivarita, la pequeña proyectó su arma hacia adelante y repentinamente surgió un gran pentagrama luminoso. Tanto Nico como Rachel quedaron boquiabiertos de asombro. Y lo que escucharon, aún más. Con el pentagrama girando, Nica entonó:

- ¡SALAMANDRA!

Del diagrama giratorio, que se volvió todo rojo y brillante, fue saliendo lentamente la forma más poderosa del espíritu del fuego. Como una gran tortuga bípeda, quien su caparazón estaba hecho de piedras al rojo vivo, y en el centro había un pequeño volcán que bullía su lava ardiente de forma incesante. De esta forma, Salamandra se volteó al crisol. Su caparazón ardió mucho más aún, la tortuga se colocó a cuatro patas, y el volcán disparó una bola ardiente que fue a aterrizar de lleno en el crisol. La masa absorbió el tremendo calor y se iluminó completamente. Ig-Drasil sopló hojarasca sobre ella y en un torbellino, fue surgiendo un nuevo trono. Mucho más brillante y hermoso que el que Nica había roto. Flotando en el torbellino, el nuevo trono se posó en el lugar que correspondía. Los tres niños echaron a aplaudir por el éxito de su misión.

- Finalmente, el nuevo trono ha sido hecho. Así que pequeños, voy a recompensarlos. Nico, ¿recuerdas la porción de plastiluna que no se usó? Usala para mejorar a Batespada. Rachel. ¿recuerdas que sobró un níspero? Dáselo de comer a Moogle.
Cada uno hizo lo solicitado, y el efecto fue inmediato. Al comer Moogle el níspero, giró y giró rápidamente al tiempo que se transformaba en un velocísimo corcel de ocho patas, y que generaba a voluntad torbellinos de viento. Y cuando frotó Nico su bat con Plastiluna, el arma adquirió una nueva forma. Al golpear levemente el piso con él, hizo temblar levemente el piso del aposento. Entonces el tronco se dirigió a los niños.

- Nico. Tu bate se ha convertido en Bate de Gaia, mucho más poderoso que el anterior Batafónico. Con ella podrás crear temblores que echarán por tierra hordas enteras de enemigos. Rachel. Tu peluche Moogle se ha transformado en el veloz corcel Sleipnir, quien no conoce el cansancio y que puede galopar por igual sobre tierra, arena y agua. Además que sus torbellinos arrasarán enemigos que intenten dañarte. En cuanto a la pequeña Nica, pues ya han visto. Ha logrado pronunciar los nombres de sus espíritus a la perfección, con lo cual se han manifestado en su forma más poderosa. Nica, muéstrales los otros dos. – La niña sonriente invocó su pentagrama y dijo:
- ¡UNDYNE! – Con esto salió un enorme tiburón blanco azulado, pero con aletas como brazos, cada uno armado con una maza de hielo. Sólo el aspecto del espíritu sobrecogería a cualquier enemigo.
- ¡SYLPHO!! – Se manifestó un gigantesco cóndor de plumas metálicas, de las cuales se desprendían fulguraciones chispeantes. Un aleteo del espíritu casi barrió con los niños, del fuerte viento provocado.
Los tres espíritus estaban finalmente en su forma más poderosa.
- Ahora mis niños, continúen su camino. Aún les falta por desarrollarse para poder hacer frente al llamado Crecido, pero van por muy buen camino. Si consiguen hacerse con las Tres Virtudes del Niño, estarán finalmente emparejados con su adversario, y no podrá con ustedes.
- Otra vez pedón por rompete el trono… - murmuró un poco compungida Nica. Los otros dos asintieron y complementaron la disculpa. Ig-Drasil se echó a reír a carcajadas.
- ¡Pequeños, ese trono me tenía sin cuidado!
- ¿Qué? ¿Entonces por qué nos retaste tan feo y nos obligaste a hacer esas tareas tan horribles? – reclamó indignada Rachel.
- Mis niños. Si les hubiera puesto esta petición sin un aliciente sólido como la travesura de su hermana, difícilmente lo hubieran tomado en serio. La verdad, ¡tengo que agradecer mucho que su hermana fuera tan traviesa para romper uno de mis juguetes! – Ig-Drasil volvió a reír ruidosamente. Los niños, aunque un poco molestos, supieron entender las intenciones del tronco. Bueno, Nica no logró alcanzar el objetivo final; roja de ira se acercó al tronco y le sonó un puntapié.
- ¡OCHOCHO!!
- ¡Auch! Bueno, ahora soy yo el que me disculpo. Pero reconózcanlo. Ahora son mucho más poderosos que antes. Así que pueden partir. Si logran encontrar tales virtudes, serán invencibles.

Los tres salieron aún medio enfurruñados de la sala a continuar su camino. Sr. Puño se había quedado a dar los agradecimientos finales a su antiguo señor.

- Gracias infinitas por haber cumplido mi petición, gran señor… sobre todo con la pequeña Nica.
- Te digo, Maese… si ella es capaz de invocar a Tritoch, la victoria será segura.
- ¿Tritoch…? ¿El legendario Lobo Negro…?