viernes, 4 de enero de 2013

SOMOS NIÑOS. (CAPÍTULO FINAL)

Como puse antes, con esto culmina el cuento que empecé hace más de dos años, pero aún no lo acaba, pues quedan tres capítulos por redactar y subir. Espero que esto dé aliciente para terminar los anteriores. Y cuando todo esté completo haré una compilación para que tenga todo sentido.




La gigantesca sala donde el Crecido tenía su trono, estaba dividida en dos mitades. La primera, del amo y señor del lugar. El Uñac-Huilli, niño demoníaco que había subyugado no sólo el gran castillo sino también todas las tierras aledañas bajo un manto de miedo y terror. Los pocos que habían alzado su puño habían sido aplastados con violencia y sometidos a su voluntad.

La segunda mitad, de los tres nuevos retadores. Tres niños salidos de un lugar más allá de tiempo y espacio por la influencia de un curioso mentor, Sr. Puño, y antiguo enemigo del Crecido que ya una vez había sido derrotado teniendo que huir envuelto en la peor de las vergüenzas y tristezas. Nico, su hermana Nica y la prima de ambos, Rachel. Había puesto y renovado todas sus esperanzas en estos pequeños para volverlos adversarios dignos y resarcir su antiguo error. Muchas experiencias, algunas peligrosas, otras dolorosas, habían incrementado y fortalecido a los tres bajo la protección de su tutor. Pero la última, el haber podido salir por su pie de una prisión absoluta con la ayuda de las Virtudes del Niño, los había dotado de una capacidad mucho mayor a la que Puño había pensado. Y era el momento de ponerlo a prueba.


-          No me importa… ¡no me importa nada si ustedes han sabido escapar de mi Cuna! ¡¡Igual siguen siendo un trío de debiluchos!! ¡¡Ahora lo verán!! – atronó rabioso el enemigo. Pero un despectivo silencio por parte de los tres pequeños, completamente armados y a su máxima capacidad, fue la única respuesta.
-          ¡¡DÉBILES!! – rugió Uñac-Huilli lanzándose al ataque con garras, colmillos y cuernos brotando de su cuerpo.
Cargó primero contra Nica, la más pequeña de los tres. Justo antes de que sus garras cortasen a la pequeña en trocitos, chocaron contra las filosas zarpas de Tritoch, repeliendo el ataque. El Crecido sopló fuerte para deshacer al lobo, pero éste resistió tranquilo la bocanada de aire violento. El latigazo que el demonio lanzó con su cola para atacar nuevamente a la niña fue detenido por una de las zarpas de la bestia, y enredando la cola en el antebrazo, agitó al villano por los aires y lo estrelló violentamente por el piso. La cola se retrajo y desenredó. Uñac-Huilli se sobó la nariz, lastimada por su golpe en el piso y arremetió contra Nica, pues si acababa con ella, el lobo se desvanecería.


-          ¡GARRAS TENGO! ¡Y TE VOY A DESTROZAR!
Así que hizo una finta, pisó la cabeza de Tritoch que se lanzaba a morderlo y de un salto apuntó sus garras hacia la pequeña. La bestia negra se volvió lo más rápido que pudo aunque no iba a poderlo alcanzar. Pero la niña golpeó a Trivarita en el suelo con lo que Tritoch se desvaneció y simultáneamente invocó a uno de los espíritus elementales.
-          ¡SALAMANDRA!!
Las garras hicieron blanco nuevamente, pero esta vez en el duro y ardiente caparazón del espíritu del fuego, Salamandra. El volcán en miniatura lanzó un borboteo que chamuscó algo del cabello y los dedos del adversario. Antes que el Crecido pudiera soplarse los dedos, se volvió a oír la voz de Nica:
-          ¡¡UNDYNE!!
Debajo de donde estaba el niño demonio, se formó un espejo de agua y brotó un geyser de agua helada, que lo atrapó tomando luego forma de fauces. El espíritu de hielo, Undyne, lanzó a su enemigo contra el agua aún turbulenta y en un parpadeo la congeló. Ahora el carámbano gigante tenía en un interior a un helado Uñac-Huilli. De un violento mazazo, la masa de hielo se resquebrajó, y sin dar tiempo de respiro alguno, la niña entonó finalmente:
-          ¡¡SILPHO!!
El gran cóndor metálico tomó entre sus garras al aturdido Crecido y voló hasta la cima de la sala, obsequiándole un par de aletazos electrificados y algunos picotazos. El viento provocado formó un vendaval que azotó contra la pared  al demonio y sobre él resonaron varios relámpagos. Envuelto en chispas eléctricas Uñac Huilli cayó al piso, con las garras rotas de tanto golpeteo y zarandeo. Mientras se incorporaba, más furioso que herido, recibió una mirada repleta de burla de Nica y la respuesta a la primera imprecación:
-          ¿Quén é el débil?

Así decidió el Crecido a atacar a la otra niña. Con los dientes rechinando de rabia, conjuró el ataque que los había vencido tan fácilmente cuando se habían topado por primera vez, en Villa Declamadora.
-          ¡¡DIENTES TENGO, Y TE VOY A DESINTEGRAR!!
La bola negra se formó en la boca del niño demonio, y la lanzó contra Rachel. A tan corta distancia, imposible fallar. La niña extendió los brazos hacia adelante y lo propio hizo Princesa Aigis, la forma más poderosa del peluche Moogle. La esfera desintegradora fue recibida en las manos de Aigis, la cual tras unos momentos de pugna, la devolvió hacia su creador. Aunque la oscuridad no lo lastimó, sí cegó por unos instantes al Crecido. Ahora Rachel contraatacó. Convirtió a Moogle en Byakko, montó sobre él y en la nube negra lanzó un certero zarpazo. Su enemigo salió despedido de la nube y cayó justo en un asfixiante abrazo de Ursus, el gran oso del alarido. Ursus apretó hasta que su oponente empezó a boquear. Luego lo levantó hacia su hocico, inspiró profundo y le soltó tal rugido que muchos ventanales cercanos se rompieron. Los otros dos niños, risueños de ver el espectáculo, sólo se taparon los oídos para no lastimarse con el ruido.

Uñac-Huilli se debatió hasta librarse del abrazo de Ursus, pero al intentar atacar no podía apuntar bien, de lo mareado que había quedado tras soportar ese superlativo alarido. Volvió entonces a conjurar otro ataque:
-          ¡¡CUERNOS TENGO, Y TE VOY A PERFORAR!!
Así que empezó a disparar a discreción escupidas negras más pequeñas pero veloces, a modo de ametralladora. Por lo menos una o dos harían impacto. Pero el veloz corcel de ocho patas Sleipnir esquivaba con facilidad la ráfaga de disparos, hasta que llegó donde él y formó raudo un remolino que lo elevó nuevamente contra el techo y ahí lo tuvo un rato. Mareado nuevamente, el Crecido cayó nuevamente, y lo recibieron una cantidad de coces suficientes para que sus dos cuernos se partieran.
Con el estómago revuelto, Uñac-Huilli intentó lanzar una nueva esfera negra de su boca, pero  un resplandor dorado lo deslumbró e instintivamente se protegió con su capa. Una saeta alba disparada por Aigis rasgó el grueso paño y se fue deshaciendo en jirones. Con los cuernos rotos y su capa desgarrada, el Crecido miró estupefacto a Rachel. Esta, con los ojos llenos de lástima, también le contestó:
-          ¿Quién es el débil?

Inaudito. Inaudito… era lo único que podía pensar Uñac-Huilli luego que las dos niñas les presentaron batalla. Con la seguridad de ganar minada por sus anteriores derrotas, vio que Nico estaba ya en pose de batalla.

El parecía no tener nada especial aparte de su bate, así que aupó sus fuerzas y atacó con las fauces por delante, dispuesto a triturar entre sus dientes esa arma insignificante, y luego a su dueño. Al cerrar el bocado, sólo notó aire en su boca. Nico había esquivado la dentellada y con Ultibat, mandó un buen golpe a cada pie del Crecido. En cada uno se fue dibujando una X, herencia de las armas de Juglar, que fueron entorpeciendo los movimientos. El demonio arrastró los pies trabajosamente mientras Nico, ya fuera de su alcance, dio un poderoso batazo al suelo. El sismo sacudió toda la sala y golpeó repetidas ocasiones al malvado infante, gracias a la Plastiluna otorgada por Ig-drasil. Tanto Nica como Rachel estaban seguras montada en Silpho y cargada por Aigis, respectivamente. Uñac-Huilli, resoplando entre los brincoteos se arrancó las X de sus pies y cargó nuevamente. Un espectacular intercambio de golpes se sucedió, encontrando en cada oponente una defensa muy sólida. Cada puñetazo del Crecido era repelido por el bat, y los mandobles del arma eran detenidos por manos, pies, y en ocasiones los mismos colmillos.

Al separarse para volver a tomar aire, el Crecido notó dolores agudos en varias partes de sus brazos y piernas. Las mangas y perneras de su traje negro se fueron convirtiendo en trocitos que caían como copos de nieve. Los poderes luego de la batalla contra B. Hemont que había hecho surgir a Batsamune, habían cortado la mayor parte de la ropa dejando una piel paliducha al descubierto. Un aire frío le advirtió que no sólo sus extremidades estaban afectas, sino que ahora también quedó parcialmente con la nalga al aire. Las risotadas de las niñas cayeron sobre él como una lápida vergonzosa.

Aguijoneado por la humillación, la rabia y el dolor producido por los ataques de sus oponentes, Uñac-Huilli cerró sus puños y soltó un agudo grito de rabia. Lo que nadie había podido, lo estaban logrando este trío de mequetrefes, luego de haber derrotado a sus Malcriados y escapado de la Cuna de Tinieblas.  A este paso tendría que recurrir a su mejor…
Un tremendo puñetazo cristalino alcanzó su cara.

El máximo ataque de Nico y su arma, Kaiserpuño, había impactado de lleno, provocando que los largos colmillos del Crecido se rompieran en mil pedazos. Rodó el demonio por el suelo, agarrándose la cara y escupiendo sus últimos fragmentos de dientes. Alzó la vista y los ojos del pequeño Nico lo regaron con oprobio y desprecio.
-          ¡¿Quién es el débil?! ¡Nadie más que TÚ, Uñac-Huilli!

Con las manos posadas en su rostro, casi vencido por el dolor, el Crecido sintió un gran deseo de llorar. Todo le dolía en su cuerpo. Cabeza, manos, pies, barriga, espalda… Nunca había pensado que él, el amo y dueño, podría ser menos que esos tres mequetrefes. Por su parte, Puño relucía de satisfacción. Sus niños habían superado las fuerzas de su odiado enemigo, derrotándolo con toda facilidad. Ni siquiera había coincidido las palabras del grabado en la Cueva de la Siesta, pues sólo en una breve pero intensa batalla el Crecido había mordido el polvo. Los niños se estaban aproximando a su némesis prácticamente vencido.
-          ¿Te rindes? – preguntó Nico.
-          Si prometes irte y no volver nunca, te perdonaremos. – Le dijo sonriente Rachel.
-          …y ya no te vuevas a potar mal. – Terminó Nica.

Uñac-Huilli, con la cabeza baja, no respondía. Al aproximarse un poco más los niños, levantó con violencia la cabeza, y lució una sonrisa espeluznante, aun a pesar de sus dientes rotos.


-          Kiru Tiyapuy, Guaxra Tiyapuy, Chupa Tirapuy… - susurró lenta y melodiosamente. - Kiru Tiyapuy, Guaxra Tiyapuy, Chupa Tirapuy… Kiru Tiyapuy, Guaxra Tiyapuy, Chupa Tirapuy… - al tiempo que iba recitando ese cántico, Uñac-Huilli comenzó a babear. Una saliva negra, espesa, que corría a hilos por su rostro, su cuello y su cuerpo hasta llegar al suelo. Despedía un hedor tan intenso que una náusea violenta sacudió a los tres niños.
-          ¿Qué estás haciendo? ¡Qué peste! – Protestó Nico.
-          ¡Me das asco! ¡Ya deténte! – Dijo Rachel.
-          ¡¡FUCHI!! ¡¡APETA A CACA!! – Rezongó Nica.
Atrás de ellos, Puño estaba horrorizado. Conocía bien las palabras recitadas por el Crecido. Eran las mismas que usaba para atacar siempre, pero este idioma era…


-          ¡¡NIÑOS!! ¡¡RETROCEDED, NO OS APROXIMÉIS!! – Los tres obedecieron al instante y viendo a su enemigo prácticamente vomitando esa baba negra, preguntaron qué era lo que estaba pasando. – Mis pequeños, Uñac-Huilli está usando un lenguaje muy antiguo y prohibido. Dentro de él se maquina algo horrendo, ¡debéis estar alerta, pues nuestro adversario aún no cae!
Habiendo terminado de hablar Sr. Puño, Uñac-Huilli dejó asimismo de recitar. Fijó su vista en los pequeños. Una mirada tan llena de odio y rabia, que Nico,  Nica y Rachel se estremecieron de miedo. Y sin dejar de sonreír, el Crecido dijo claro y fuerte estas palabras:
-          …YANA-GUAGUA.

Dirigió su mirada hacia el cénit y el babeo se volvió un chorro de vómito. Un manantial líquido y fétido cubrió por completo al niño demonio, hasta volverse un orbe del tamaño de un adulto. En su centro surgió un ojo escarlata, y la esfera se dividió en dos. Cada nueva esfera, aunque más pequeña, se dividió en dos más. El proceso, como una mitosis monstruosa aumentaba y se aceleraba. El grupo de bolas se volvió como una mora. Las esferas negras, cada una con su ojo enrojecido, se hacían más y más chicas, pero el conjunto crecía, enraizándose en piso, paredes y columnas. De la parte central brotó una burbuja carnosa y semitransparente, tan grande como un carruaje, repleto de un líquido turbio. De súbito la burbuja se elevó estando unida a su base por un tentáculo repleto de ojos desorbitados y rompió su contenido.

Agazapado entre los restos de la burbuja, que asemejaba una flor abierta, yacía un enorme y monstruoso bebé. Nada que pudiera ser equitativo a lindo o hermoso era compatible con este ente, pues su piel misma era rugosa y cubierta de nudos y filamentos. Dos filas de pequeños cuernos adornaban su cabeza. Sus manos y pies que se abrían y cerraban a cada rato, mostraban garras filosas y retorcidas. Su única vestimenta era su propio cordón umbilical que lo envolvía irregularmente. Al abrir los ojos, mostró un carmesí centelleante, y se abrió un tercer ojo en medio de la frente, del mismo color. Una boca repleta de colmillos agudos que parecían cubrir hasta los carrillos desencadenó un vagido agudísmo, como el de un bebé al respirar por primera vez. Pero de tal intensidad y vibración, que los tres niños quedaron completamente paralizados.
Era la forma final de Uñac-Huilli.

Los tres pequeños, completamente indefensos, sentían una mezcla de asco, terror y desesperación al ver semejante monstruo moviéndose en frente de ellos. ¿Acaso volverían a sufrir una derrota, esta vez absoluta y definitiva? Las tres armas estaban a sus pies, sin dar muestras de actividad. Ultibat, Trivarita y Moggle, completamente inútiles.

Sr. Puño volvía a repetir su anterior pesadilla y trauma. Criar y entrenar a niños, enfrentarlos al adversario y viéndolos vencidos a sus pies. Esta vez de una manera mucho más horrible, pues tampoco había manifestado tal poder el odiado Crecido. No podría soportar volver a huir, sabiéndose culpable fundamental de la caída de estos tres inocentes. Entre el torbellino de pensamientos que lo agobiaban, Uñac-Huilli iba a mandar su obús más potente. Entre gimoteos y gorjeos alienados, se materializó una esfera como la noche, más grande que el propio monstruo  y con el poder de volatilizar cualquier cosa.

Con un movimiento de manos, Uñac-Huilli disparó la bola negra a los niños que aún no salían de su parálisis. Ya no les aguardaba un llanto amargo, ni siquiera era cuestión de dolor, enfermedad o tristeza. Era la aniquilación segura. Desaparecerían de este y cualquier otro mundo. Para siempre.
-           ¡¡¡NOOOOOOOO!!! ¡¡NO MORIRÉIS, MIS PEQUEÑOS!!

De repente, algo como una centella plateada golpeó con furia la esfera que estaba a punto de engullir a los tres héroes. Los niños que habían logrado salir de su estado, miraron asombrados que Puño, cubierto esta vez por una armadura plateada que lo hacía lucir como un sólido guantelete de metal, se había lanzado contra el ataque del demonio y estaba en pleno forcejeo de poder. Finalmente, con un rápido vaivén, Puño logró desviar la trayectoria de la esfera hacia arriba. Esta simplemente atravesó el techo cristalino del cénit de la sala, deshaciendo todo a su paso hasta caer a lo lejos. Un profundo cráter había quedado donde cayó la esfera negra. Quizá no surgiría ahí nada vivo en mucho tiempo.

Puño cayó con su armadura completamente destruida frente a los niños. Rachel, ya completamente repuesta, cantó el sana-sana para todos. Mientras, Uñac-Huilli había cerrado la burbuja y entró en un modo estático.
-          ¿Qué pasó, sr. Puño? ¿Qué es eso? – preguntó ansioso Nico, mientras Rachel seguía sanando a todo el grupo.
-          …Uñac-Huilli debió convocar a una forma demoníaca más allá de su poder normal. Usó un lenguaje que fue prohibido hace mucho, por lo peligroso de sus efectos. Por tanto, mis pequeños, contempláis la forma final de Uñac-Huilli, el Yana-Guagua.
-          ¿Yana-wawa? ¿Entonche é más malo? – acotó Nica.
-          Millardos de veces más maléfico, mi pequeña. Temo mucho que esta vez será casi imposible derrotarle, a menos que… - Puño se detuvo y recordó nuevamente las palabras del mural.
Ante el mal recién nacido
Esta tierra sucumbirá
Pero tres elegidos darán cara,
Y el mal vencido será.

Miles de luces blancas
Barrerán el oscuro proyectil
Romperán la dura coraza, 

Fuego, Hielo y Rayo unidos
Y el vórtice violento cual misil,
Acabarán al de negro ungido.

-          Es tiempo. Ya es tiempo de acabar con este execrable, que tanto dolor nos ha costado. ¡Mis niños queridos, podréis hacerlo y sólo vosotros! – Arengó Sr. Puño a sus tres pequeños guerreros. Estos estaban nuevamente prestos para la lucha. La que decidiría la victoria o la derrota. Y para ésta no había lugar. – ¡Observad! Yana-Guagua se ha debilitado por ese ataque, así que se refugia en su coraza para volver a reunir energías. ¡Tenemos que actuar exactamente como lo dispuso el mural, caso contrario la derrota será segura! ¡Usad pues todas vuestras fuerzas! ¡ES TODO O NADA!
-          ¡MUY BIEN! – Gritaron los tres niños al unísono.

Al mismo tiempo, Yana-Guagua se había recuperado completamente, y formó de nuevo la mortífera esfera negra, esta vez sin un Puño que lo desviase, porque éste había usado casi todo su poder en repeler el recurso. La bola oscura era aún más grande que la anterior, y con un pase de manos, fue lanzada a los niños.
-          ¡RACHEL, OÍD! ¡MILES DE LUCES BLANCAS BARRERÁN EL OSCURO PROYECTIL!!
Moviéndose al unísono, Rachel hizo que Princesa Aigis tensara su arco y una brillante y alba flecha se materializó. Pero no era suficiente, así que a la orden de la niña, Aigis extendió sus alas las que se iluminaron cegadoramente, insuflando poder a su saeta; que se engrosó y cargó de energía. Así ordenó el disparo, poniendo toda su fuerza en la orden.
-          ¡Aigis, dispara! ¡¡MIL SAETAS ALBAS!!
La luminosa flecha se convirtió en cientos y cientos de proyectiles níveos que impactaron la esfera negra, hasta que en una explosión, ambos ataques se anularon mutuamente. Ostensiblemente impactado, Yana-Guagua se protegió en su coraza carnosa para recargar su maligno poder una vez más. El llamado de Puño volvió a escucharse.


-          ¡NICA, ESCUCHAD! ¡¡ROMPERÁN LA DURA CORAZA, FUEGO, HIELO Y RAYO UNIDOS!!
Nica asintió. Hizo su danza invocatoria, disolviendo los tres espíritus en su báculo y haciendo surgir al lobo de los tres elementos, Tritoch. Poniéndose frente a la bestia, la niña aferró a Trivarita concentrándose al máximo al tiempo que el lobo cargaba su brazo izquierdo de fuego, su brazo derecho de hielo y en su pecho los relámpagos refulgían como un sol brillante. A un nivel superior aún al que permitió el escape de su prisión tenebrosa. El ataque estuvo a punto.
-          ¡Con toda tu fuecha, Titoch! ¡¡TIPLE EJECUCHÓON!!
El lobo abrió sus fauces y detonó una imparable andanada tri-elemental que fue a dar directo contra la protección carnosa de Yana-Guagua. La brutal oleada golpeó la coraza, la cual empezó a resquebrajarse, hasta que reventó desintegrándose y volatilizando todo vestigio de las raíces y el tentáculo que daba sostén a la criatura. Esta cayó al piso y trabajosamente gimoteó, centelleando sus carnes mostrando su impotencia. Y entre los destellos, justo en el tercer ojo del bebé monstruoso, se vislumbró una silueta. ¡Era Uñac-Huilli, escondido!

Ya las niñas habían logrado contrarrestar el ataque de Yana-Guagua y exterminado a su coraza protectora. Era el momento del último paso. Puño gritó con las fuerzas que le quedaban:
-          ¡NICO, AHORA DEPENDE DE VOS! ¡¡Y EL VÓRTICE VIOLENTO CUAL MISIL, ACABARÁN AL DE NEGRO UNGIDO!!
Nico ya estaba calzado sus visores de Hermes y sus guantes Genji, aferrando a su leal Ultibat. Apuntó hacia arriba y surgió Kaiserpuño, cristalino y reluciente. Sabía que él era quien tenía que dar el golpe final. E iba a poner todo, TODO su poder y voluntad.
-          ¡KAISERPUÑO! ¡¡VÓRTICE!!
 Mientras empezaba a girar el nudillo más y más veloz, el niño dio un gran salto, despegando y volviéndose la punta de un violentísimo tornado, que luego de dar vuelta para tomar más potencia se dirigió velozmente hacia el objetivo. 

Ya no era un simple ataque, eran las tres voluntades de los niños unidas, fortificadas con el ánimo de Puño y magnificadas con Pureza, Inocencia y Alegría, las tres Virtudes del Niño. Eran los clamores de una tierra desolada por el miedo. Eran las súplicas de tantos niños esclavizados por ese demonio. Era el deseo conjunto, de terminar con esta larga tiranía.
Uñac-Huilli sintió el tiempo espesarse.
Ya no veía a esos tres malditos que estaban nuevamente superando sus fuerzas. Ya no veía a su antiguo rival, una vez derrotado por él. No veía castillo, no veía fuerza, poder, conquistas, nada.
Sólo ese horrible remolino que se aproximaba….
…que le provocaba un miedo indescriptible.
Igual al remolino del río…
…donde lo habían arrojado…
…al nacer…
-          ¿Mamá… por qué me echas al río? ¿Es que nunca me quisiste
Demasiado tarde volvió a sus sentidos.

Kaiserpuño penetró taladrando el ojo central del bebé monstruoso y arrancó a Uñac-Huilli por la parte posterior de la gran cabeza. El niño demoníaco había recibido toda la fuerza directo en la barriga transfigurando su rostro a un rictus desencajado y de ojos completamente fuera de sus órbitas. ¡Y el ataque apenas principiaba! Con todas sus fuerzas y la boca abierta en un mudo y furioso rugido de batalla, Nico hizo blanco en todas las partes que pudo de Uñac-Huilli con su giratorio puño cristalino. ¡Diez, veinte, cincuenta, cien, doscientos, quinientos, MIL Y UN GOLPES cayeron mientras volaban por toda la sala envueltos en el torbellino! Finalmente un muy maltrecho Crecido salió despedido por un lado del remolino mientras que Nico aterrizaba de mala manera a unos pasos de su enemigo, agotado por completo luego de liberar tan feroz golpiza.

Los tres niños estaban sentados o caídos, sobre todo Nico, quien a punto de llorar por el tremendo esfuerzo, vio a Uñac-Huilli incorporarse trabajosamente. Tosió convulsamente y empezó a recitar, pero el dolor y las toses no le permitían completar sus conjuros:
-          ¡Dien..tes ten…! ¡Garras…! ¡Co..cola te-ten…teng…! – Cada intento de ataque era interrumpido por una tos seca y convulsa. De pronto, algo brilló en las comisuras de los ojos de Uñac-Huilli y empezaron a resbalar por sus amoratadas mejillas. Lágrimas.
-          ¡aaaaaahhh, AAAAAHHHHHHHH!! ¡¡AAAAAAAAHHHHHH!!
Uñac-Huilli estaba llorando a lágrima viva.

Como un torrente retenido hace mucho, las lágrimas no dejaban de fluir. Lentamente se acercaron Rachel y Nica, con una mezcla de aprensión, sorpresa y pena en sus corazones. Nico había logrado ponerse en pie, aferrando un último beso de Mamá. Quería dárselo a Rachel para que pudieran curarse todos. Pero permanecía ahí, viendo el llanto interminable del que era u enemigo. Un dedo acusador apuntó a los niños. Uñac-Huilli, sin dejar de llorar, los señaló con resentimiento.
-          ¡Todos… todos ustedes tienen mamá! ¡Pero a mí me echaron! ¡Nadie me acogió en sus brazos! ¡Me hundí en el agua, en ese remolino, como una piedra! – Bajó el dedo y prosiguió llorando un rato. Y volvió a increpar a los niños. - ¡Mi propia mamá! ¡La que debía amarme, cuidarme y criarme! ¡Me echó al río como basura! ¡Terminé en un pozo lleno de oscuridad, y ella fue mi única compañera mientras recibía los lamentos de otros que compartían mi destino! ¡Mi rencor crecía, se nutría de la oscuridad y me hacía más y más fuerte! ¡POR ESO LOS ODIO TANTO A USTEDES! ¡Ustedes, que tienen una mamá que los ama, son los que más odio! ¡Esta tierra, a la que llegué por casualidad, estaba repleta de gente como ustedes! ¡Yo los acabé y los puse bajo mi mando y luego rapté otros niños… para que nunca más me dejasen solo…!
Uñac-Huilli, el Crecido, se derrumbó entre sollozos que sacudían todo su cuerpo.

Los tres niños, victoriosos al fin, se miraron entre ellos. Todo deseo de pelea y de antipatía había desaparecido. Incluso se sentían conmovidos al ver a su némesis ahí, en un mar de llanto, torturado por sentimientos tan feos.
-          Tienes razón. Es horrible no tener una mamita que te quiera y te proteja… - dijo compungida Rachel.
-          Yo no quero que me deje mi mami… y ya la etraño… - susurró Nica al borde de las lágrimas.
-          Nunca supe de vuestro predicamento, Uñac-Huilli. Si tan sólo hubierais sido menos violento al venir acá… - razonaba Sr. Puño.
Sólo Nico no había dicho una palabra.
Estaba de pie frente al sollozante Crecido, y como el mayor de los tres, había comprendido muy bien lo que había dicho su enemigo. Miró su manito y tomó una desición. Nico se acuclilló frente a Uñac-Huilli y apretó el Beso de Mamá contra su frente. Puño ahogó un grito.
-          ¡Nico, deteneos! ¿Qué hacéis? – pero el niño alzó la mano interrumpiéndolo.
-          Tranquilo Sr. Puño. Sé lo que hago.

En el momento que el Beso de Mamá se posó en la frente del Crecido, una miríada de sentimientos cálidos y tiernos envolvió el cuerpo del malogrado niño. Lo que nunca había tenido oportunidad de sentir cuando nació, lo recibía con creces.
Amor, protección, ternura, cariño, delicadeza. Todo eso fue borrando poco a poco dolores, pesares, tristezas, rencores y odios del cuerpo y alma de Uñac-Huilli. Flotaba deleitado en el aire mientras el ítem renovador hacía su trabajo. Hasta que el efecto terminó y los pies del Crecido volvieron a tocar tierra.
Se hizo un espeso silencio mientras los adversarios se miraban fijamente.
-          ¿Vas a… pelear otra vez? – le preguntó por último Nico.
-          Fuiste vencido en pelea justa. Tienes que reconocer eso. – prosiguió Rachel.
-          …no debe ser picado.. – terminó Nica.
El silencio se volvió a apoderar de la sala. Sr. Puño estaba muy tenso, temiendo un traicionero contraataque. Pero todo lo que hizo Uñac-Huilli fue bajar la mirada y, ante el asombro de todos, sonreír tiernamente.



-          No. Esto que me regalaste hizo mucho más que restablecerme. Me hizo conocer lo que ustedes han disfrutado. Mi odio y rabia se ha terminado. – Mientras hablaba, su cuerpo empezó a difuminarse en miles de chispitas de colores que se elevaban al cielo. – Mi espíritu se encuentra en paz. Les agradezco por eso. Y perdóname – añadió mirando a Sr. Puño – por tanto mal cometido. Voy a desaparecer de esta linda tierra, y los que eran mis esclavos, serán libres de nuevo.
Una columna de luz se fue tragando lentamente a Uñac-Huilli, mientras su cuerpo se terminaba de convertir en miles de lucecitas, que fueron ascendiendo y borraron el gran nubarrón que cubría todo el castillo. Un sol cálido y reconfortante iluminó toda la sala, al tiempo que se oía las últimas palabras del que anteriormente asolara este lugar:
-          ADIÓS…

Las sonrisas se fueron dibujando en carita de cada niño. Puño, aún debilitado pero exultando felicidad acarició sus cabecitas jubiloso.
-          Mis niños. Mis pequeños elegidos. Mis príncipes. Lo habéis conseguido. Habéis vencido al Crecido, a Uñac-Huilli. Esta tierra ha sido liberada gracias a vuestros esfuerzos. Personalmente nunca tendré suficiente para agradeceros.
Los pequeños riendo de alegría y júbilo, corrieron a abrazar a su mentor y amigo. Por fin su aventura había terminado. Al mismo tiempo vieron que los tres Malcriados, cuyos cuerpos petrificados yacían en diversos lados de la sala, recuperaban el hálito de vida y se miraron sorprendidos, como saliendo de una larguísima pesadilla.

-          ¿Sr. Puño? ¿En verdad han derrotado a Uñac-Huilli? – preguntó Eclair.
-          ¡Guau! ¡Son mucho  má fuetes que nochotos! – coreó excitada Pavlova.
-          Ustedes… lograron lo que ninguno de nosotros pudo. ¡Son geniales! – acotó con una enorme sonrisa Windbeutel. Puño se precipitó a abrazarlos y a pedir su perdón, por haberlos abandonado aquella vez.
Los antiguos héroes perdonaron de buena gana a Puño, pues estuvieron conscientes que nada pudo hacerse en ese tiempo. Además, carecían de las virtudes del Niño. Posteriormente, Pavlova sacó de entre su vestido un Beso de Mamá, que lo entregó presurosa a Rachel. Esta, con las fuerzas restauradas, curó a todos incluyendo a Puño. Y todos montados sea en Sleípnir o en Silpho, volaron hacia Parque Berrinche. Ahí los esperaban gozosos Igg-Drasil, acompañado de su nuevo pupilo Juglar (quien esta vez había aprendido a mantener la boca cerrada), los gemelos Tremor y Sismo y un enjuto B. Hemont, quien en castigo por su malos modales, estaba sirviendo como mayordomo.

Fue una semana de festejo incesante, disfrutando como los niños que eran.
Hasta que llegó el momento del último adiós.


-          Mis pequeños, gracias a los poderes combinados de mi mecenas y míos, podremos devolveros a vuestro hogar, al momento exacto de vuestra partida.
Aunque Nico y Rachel estaban deseosos por volver y habían devuelto sus respectivas armas, no sin una cariñosa despedida, no encontraban a Nica por ningún lado. Finalmente la encontraron, llorando compungida frente a Tritoch. El lazo entre ellos era sumamente fuerte. Pero el lobo le hizo entender que sin importar la distancia, siempre estarían juntos. Como prueba de ello, Tritoch le entregó un colmillo convertido en sortija. Nico conservaría los visores y Rachel un prendedor de pelo con el rostro de Moogle.

Fue así que tras derramar lágrimas al despedirse, los tres niños fueron envueltos en un halo luminoso. Al abrir los ojos de nuevo, se encontraban frente a la cisterna, cuya tapa se cerró silenciosamente. Hicieron entre los tres un gran esfuerzo por abrirla pero bajo ella sólo hallaron agua. Comprendieron entonces que su aventura había concluido y que llegaron tal como habían partido. Poderes, armas, vestimentas, todo quedó allá.

Menos los recuerdos.

Rachel se despidió de sus primos y volvió con su mamá a su casa. Su papá ya las estaba esperando y la recibió con un enorme beso y un abrazo.

Nico y Nica, luego de bañarse y colocarse su pijama, comieron su merienda con inusitada avidez. Nico ya había advertido a su hermana de hablar como antes para que sus papás no sospechen nada, lo que ella cumplió a cabalidad.

Los tres niños, cada uno en su camita, se entregaron a un profundo y reparador sueño.

Porque mañana será otro día para aprender. Para jugar. Para reírse. Para llorar un poco.

PARA VIVIR.


Y fue así que mis tres niños elegidos finalizaron sus aventuras. Toda esta gran odisea ha sido debidamente registrada en este libro. El cúmulo de aventuras, alegrías, penas, dolores y victorias será recordado y formará parte de las canciones y las historias para el porvenir. Yo seguiré velando continuamente por el bienestar de esta hermosa tierra.
FANTAXION.
Edward Maximilian Puño.