lunes, 30 de enero de 2017

Mi opinión sobre la tejedora manabita.

Caminando por las calles República e Inglaterra, topé con este discreto restaurante llamado La Tejedora Manabita, y revisando las opiniones de red social noté un atractivo 4,6/5 promedio así que le di la oportunidad.
Desde la misma recepción se nota la calidez y la hospitalidad propia del montubio, ingresando a un escenario donde abunda la referencia a la cosmogonía campesina, repleta de utensilios propios. Raspahielos, lámparas de keroseno, machetes, caña guadúa, un cuadro pintado por Ivo Uquillas, una cabeza de Alfaro, las mesas nombradas por los cantones... El turista se sentirá deleitado y el manaba soltará lágrimas de nostalgia (hecho común a decir de la dueña).

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Desde la cortesía de maduros asados con sal prieta, la calidad acierta constantemente. Pedí un viche de pescado, con su arroz al punto, donde ningún ingrediente se echó de menos. La ayaca, como ninguna. Más auténtica, campesina y de sabor rotundo, fue algo soberbio. El emborrajado y el pastelillo dulce provocaría vergüenza en lugares propios de Portoviejo. Pasó todo con una sabrosa cerveza artesanal Umiña y el punto final lo dio el deguste de ron pope y quemado, sacado de la tierra misma.
En fin, una experiencia única.
Eso sí, remilgosos e impacientes abstenganse de ir. La alegre vajilla de barro y el tiempo razonable de espera no se da para los fans de mc Donald's o los acostumbrados al cevichocho al minuto.
La Tejedora Manabita, se merece cada verso del pasillo a Manabí.